CON SAL Y LIMÓN: ¿DEMOCRACIA CON REALEZA?

Por Luis Armando Fuentes Valencia

Las letras que se juntaron en la última entrega, referidas a la trama Oderbrecht para darle un nombre, y la actitud soberbia y prepotente del niño héroe Emilio Lozoya motivan otras reflexiones como el hecho de que existan tantas dinastías políticas que llevan a muchos jovenzuelos que forman parte de las mismas a suponer que forman parte de una realeza o de una nobleza de esas que nuestra Constitución prohíbe expresamente.

Dan la impresión de sentir que el poder político, la distinción social o la posición económica deben acompañarles siempre por poseer un derecho divino, de sangre que los convierte en mexicanos superiores, como que nunca han sufrido una herida y no han constatado que su sangre es roja como la de los plebeyos y no en vez, azul como intentan demostrarnos que es.

Creen que de allí les deriva el derecho y hasta la obligación de gobernarnos y que por eso, dependen de ellos, vidas y haciendas y que la ley es su voluntad, y por tanto pueden fijarla como quieran y modificarla como y cuando les venga en gana. No han caído en cuenta que estamos en el siglo XXI Y que hasta el derecho divino se ha modificado (para su mala fortuna).

La verdad es que cuando un político fue malo y sinvergüenza, sus descendientes y. familiares resultan peores que el primero cuando ejercen el poder, porque poseen esa idea de pertenencia a una casta superior. El niño héroe Emilio ilustra muy bien lo dicho. Bueno sería saber las razones por las cuales fue apartado de la Dirección General de PÉMEX. Tal vez resultaba ya insoportable hasta para el pequeño que lo había nombrado y para sus compañeros del gabinete. No creo que haya sido retirado por corrupto, porque para ellos eso es virtud que no defecto. Ellos mismos son la expresión y el producto de la corrupción.

Formar parte de una familia de esas, no puede ni debe limitar a sus miembros a tener una posición destacada en la política, pero esta debe derivar de méritos propios y no de componendas políticas ni de negocios arreglados o cuotas de poder.

Ojalá puedan avanzar las investigaciones de la Trama Oderbrecht y sobre todo, llegar a buen puerto. Alguna esperanza debemos tener y por lo mismo, desear el castigo para todos los que han cometido ilícitos. Pensemos que no siempre tendrán el poder y que su tiempo parece agotado. Los tiempos por venir pueden determinar, y así lo deseo, un cambio en la visión de los puestos políticos y del espíritu de servicio. Así lo deseo realmente, igual que muchos millones de mexicanos también. Pero por ahora parece imposible: Santiago Nieto ya no es fiscal electoral porque tuvo la osadía de tratar de investigar la corrupción dentro del PRI y eso no se le puede permitir a nadie.

No se pueden ganar elecciones del modo que lo hicieron y menos, para ocasionar tantos daños como nos han producido. El ejercicio del poder público debe hacerse de otro modo. Ya no deben oprimirnos, saquearnos y tiranizarnos tanto. Es hora de que paguen por lo que han hecho y por desafiar la ley. Las leyes derivadas del Legislativo deben ser tan necias como las leyes naturales y las sociales y cumplirse a rajatabla.

Siempre que alguien presuma su pertenencia a una casta, debemos cuestionarlo mâs que a otros. Una casta no es garantía de nada y menos si su fundador no fue alguien apreciable como sucede con el padre del niño héroe en cuestión.

Se acabaron sus tiempos para presumir, los tiempos de la vanidad y del exhibicionismo. El desprestigio al menos lo tiene este niño héroe y lo tendrá durante toda su vida, como le acompañará siempre el desprecio popular.

El hartazgo popular y el desánimo no son gratuitos. Son producto de la acumulación de golpes recibidos por el uso abusivo del poder. El vaso está lleno y no sabemos si la gota que se derramará será la primera o la última que se depositó en él y tampoco importa saberlo, porque se derramará, eso es seguro. Y será pronto.

Es todo. Nos encontraremos pronto. Tengan feliz semana.

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