COMPETENCIA DESLEAL

Vista la participación de la transexual Ángela Ponce como representante de España en el certamen de Miss Universo (y la de competidora de Mongolia, Belguun Batsukh, quien también es una chica que nació varón) con menos teoría de género y más sentido común, es verdad que estas contendientes envían un mensaje de inclusión a todo el mundo pero también consagran una situación (des)ventajosa.

Aunque no es políticamente correcto, tenían razón en lo que dijeron (o intentaron decir) la Señorita Colombia, Valeria Morales, y la ex Miss Universo mexicana Lupita Jones: una mujer transgénero y una mujer biológica no son anatómicamente iguales.

Para alcanzar la mayor similitud al cuerpo femenino, un chico debe someterse a un severo tratamiento hormonal y recurrir a cirugías plásticas: operaciones en rostro, pecho y glúteos para cortar o agregar lo que hace a un hombre diferente de una mujer.

La especie humana tiene un grado relativo de dimorfismo sexual. La anatomía femenina varía de la masculina por la estatura, el peso y el desarrollo muscular, pero las modas han demostrado que, a cierta edad y con el maquillaje adecuado, esas diferencias disminuyen.

De hecho, se ha creado una cierta estética andrógina a tal punto que lo que distingue a un hombre de una mujer en ciertas identidades de género es, meramente, el órgano sexual.

Mediante una vaginoplastia, un hombre puede convertirse en mujer. La piel del pene y el escroto le sirven al cirujano para conformar los labios de la vagina, mientras el glande es habilitado como clítoris. Son aparentemente mujeres pero en su interior no hay útero ni ovarios; hay una próstata.

Más complicada es la operación para transformar una vagina en un miembro viril, pero con prótesis es posible configurar el pene y los testículos. El órgano puede incluso resultar mecánicamente funcional (se erecta), pero ese escroto jamás albergará una fábrica de espermatozoides.

Con todas estas consideraciones, es una pregunta válida: ¿salvar esas diferencias fisiológicas no es una forma de dopaje en una competencia entre transexuales y mujeres nacidas mujeres?

 

OTRA FORMA DE MISOGINIA:

Cuando a Renée Richards le negaron participar en el torneo abierto de Tenis de Estados Unidos de 1976 como mujer, el argumento fue que, pese a su cambio de sexo, seguía golpeando la pelota con la fuerza de un hombre.

De ahí la duda: ¿en el certamen de belleza como el que se celebrará el 17 de diciembre en Tailandia qué se calificará, el ideal de belleza femenino o la magia de la hormonización y la cirugía plástica?

Porque indiscutiblemente cuando Ángel Ponce inició su tratamiento hormonal a los 14 años no lucía tan femenina como hoy. En todo caso, su atractivo como adolescente andrógino era otro.

¿Juega entonces con ventaja frente a una mujer biológica que nunca ha tomado fármacos para incidir en sus características sexuales secundarias?

En el tema de las operaciones, esta disquisición resulta un tanto irrelevante desde que en Miss Universo se permitió que las venezolanas ganaran el certamen un año sí y otro no tras haberse sometido a rinoplastia, implantes en senos y glúteos, liposucción, etcétera. En el caso de Ángela, lo menos importante es la vaginoplastia por inversión peneana, porque no se ve.

La corrección política (porque no está probado científicamente) nos obliga a aceptar que hay mujeres que se sienten atrapadas en el cuerpo de un hombre y viceversa.

En ese sentido, llevar al mainstream los concursos de transgénero me parece bien. Que se elija en las ferias de pueblo a la reina de la comunidad trans con los mismos valores de producción con los que se elige a la representante de la belleza tradicional, es justo.

Sin embargo, hacer competir a una belleza que es resultado de la ciencia con una mujer que nació mujer y no tiene más que sus atributos naturales para defenderse, me parece injusto para una y otra.

En esa igualdad no hay equidad. Equivale a decir que hasta para ser mujer, los hombres superan a las mujeres. Y esa es una nueva forma de misoginia.

 

NO ES LO MESMO:

El parangón debería ser los concursos de belleza masculinos. Ahora ya hay también certámenes que convierten a los hombres en objetos de atractivo físico, pero se les encuadra en el tema del modelaje porque la denominación Mr. Universo corresponde a las competencias de fisicoconstructivismo.

En estos últimos el afán de construir masa muscular por encima de las exigencias de simetría y definición, llevó a que eventos como el Mr. Olympia lo ganaran sucesivamente atletas del tipo de Arnold Schwarzenegger quien, además de forjar su cuerpo en largas sesiones en el gimnasio y una nutrición científica, se inyectaban esteroides anabólicos.

Sin esas hormonas, los competidores de Mr. Olympia jamás hubieran podido alcanzar el peso y el volumen que les permitieron lucir como un toro.

La reacción en el mundo de los deportes a cualquier forma de dopaje, llevó a fomentar la organización de concursos de “fisicoculturismo natural”, donde el desarrollo muscular de los atletas es mucho menor.

Incluso hoy se realizan competencias fitness donde la apariencia física se logra mediante ejercicios que no buscan fundamentalmente hipertrofiar los músculos, sino definirlos.

Las diferencias en la estética corporal son todavía más notorias en las categorías femeninas. Y nadie pensaría en poner a competir a una chica fitness con una fisicoculturista.

 

VICTOR / VICTORIA:

Una amiga establece un parámetro mucho más claro para establecer la inequidad en un concurso de belleza donde chicas trans compiten con mujeres que nacieron mujeres:

¿Qué pasaría si en un certamen de travestismo los hombres participantes se enfrentan a una mujer biológica que no tiene que esforzarse mucho para lograr una apariencia femenina?

La deslealtad de esa competencia se muestra claramente en cintas como Victor/Victoria (1982) de Blake Edwards, donde Julie Andrews interpreta a una mujer que se hace pasar por travesti para esconderse de la mafia. La misma historia ya la había contado a la mexicana Miguel M. Delgado en Bellas de Noche (1975), donde es Sasha Montenegro la que recurre a la treta.

De hecho, la comunidad trans se divide entre travestis, transgénero y transexuales, de acuerdo al grado de semejanza entre la apariencia masculina y la femenina.

Hasta donde entiendo, en un concurso de belleza tipo Miss Universo Gay, los travestis compiten con otros travestis porque lo que se califica es la transformación con base en el vestuario, el maquillaje y los apliques. Los transgénero se enfrentan a otros tránsgénero que se han sometido a las mismas intervenciones quirúrgicas para implantarse senos y glúteos. Y los transexuales se miden contra otros transexuales.

Hacer que una chica trans que ya es anatómicamente una mujer contienda con un muchacho que solo se viste de mujer, es inequitativo. Igual resulta con la participación de transexuales en un certamen de belleza femenina.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com. Esta columna también se puede leer en: www.carvajalberber.com y sus redes sociales.

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