DECIRLE ADIÓS AL VIEJO RÉGIMEN DE LA CHATARRA

Cualquier sistema que puedan concebir sin contar con nosotros

será derribado.

Ustedes tienen sus drogas.

Ustedes tienen sus armas.

Tienen sus Pirámides, sus Pentágonos;

a pesar de toda su hierba y sus balas

ya no pueden seguir cazándonos.

Todo lo que revelaremos acerca de nosotros, para siempre,

es esta advertencia:

Nada de lo que han construido ha perdurado.

Leonard Cohen. Fragmento del Poema Any System.

Mientras se va desarrollando el debate y la búsqueda de justicia en grandes temas nacionales como la corrupción en PEMEX durante la administración de Emilio Lozoya y Enrique Peña Nieto; los sobornos por la Reforma Energética; el contubernio de Genaro García Luna y Felipe Calderón Hinojosa con el narcotráfico; la Estafa Maestra; o la entrega indiscriminada de bienes y concesiones a empresas extranjeras;  el Gobierno de la Cuarta Transformación ha puesto en el ojo público otro de los grandes problemas del País: el lastimoso estado de salud que ha provocado en las y los mexicanos la presencia descontrolada de alimentos ultraprocesados y de bebidas azucaradas en exceso.

Mientras el régimen neoliberal se fue asentando, en cada rincón de México los productos de las grandes trasnacionales de alimentos chatarra fueron ocupando un lugar preponderante en nuestras dietas. Los pequeños comercios fueron sucumbiendo a las presiones de las distribuidoras y se dejaron vencer por Coca-Cola, Sabritas, Kellogg’s y Nestlé. En los aparadores dejaron de exhibirse productos derivados del maíz para ceder sus espacios a frituras hechas de harinas, sales y grasas que hacen un daño silencioso y súbito.

Así, mientras se iba fraguando un régimen de corrupción en México, también las grandes compañías fueron conquistando espacios gracias a la permisividad de los gobiernos neoliberales. Los letreros de sus marcas fueron inundando el país como venenosa plaga y sus productos llegaron a las comunidades que ni los propios gobiernos neoliberales eran capaces de visitar. Con sus alimentos industrializados, vendieron una gran idea de progreso a nuestras y nuestros pueblos, que poco a poco, fueron abandonando el esquema alimenticio de la milpa: maíz, calabaza criolla, frijol, chile, jitomate, eran los cultivos que entreverados en las parcelas permitían el desarrollo pleno y sano de nuestras familias. 

Fueron años de oscuridad, y hoy, es tiempo de la despedida. Se acabaron los tiempos en que reinaba el beneficio de los empresarios sin escrúpulos, en detrimento de los más pobres y necesitados. El primer paso lo dio Oaxaca, que fue la primera entidad en proponer la regulación en la venta de comida chatarra. Aquí en Colima, en la fracción parlamentaria de Morena, tomamos su ejemplo y preparamos una iniciativa similar para evitar mayores problemas de salud pública en el mediano y largo plazo.

Para esas empresas no hay principios, poco les importan las consecuencias en la salud de niñas y niños, que a la postre, serán adultos y acarrearán con ellos las consecuencias de hábitos alimenticios erróneos en su edad temprana. 

El jueves pasado, coincidimos en estos conceptos con el Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, en el foro virtual “Hacia una alimentación para el bienestar”. El funcionario del Gobierno de la Cuarta Transformación expuso la importancia de la armonización de las leyes estatales en materia de prohibición de la venta de alimentos y bebidas chatarra a niñas, niños y adolescentes.

¿Por qué es importante regular la venta y tener leyes homologadas en todas las entidades?

El doctor López-Gatell lo explicó así: de las 722 mil personas que fallecen al año, la mitad son por causas directas relacionadas con una mala alimentación desde los últimos 12 o 15 años. La principal causa son las enfermedades cardiovasculares, la segunda es la diabetes, la tercera diversos cánceres y la cuarta enfermedades crónicas del hígado.

En el Foro, el doctor López-Gatell explicó que el gran problema de la nutrición en México son los excesos; pues 3 de cada 4 mexicanos mayores de 20 años tiene sobrepeso y obesidad. A ello habría que sumarle que de acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, hasta 14 por ciento de las personas mayores de 20 años tienen diabetes y hasta 15 por ciento tienen hipertensión.

Esas causas obligaron al Gobierno de México a instaurar el Grupo Intersectorial de Salud, Alimentación, Medio Ambiente y Competitividad (GISAMAC), encargado de elaborar políticas integrales para el combate a las prácticas de mala alimentación en el país, enfocándose en medidas estructurales.

La preocupación del Gobierno de la 4T y de quienes pertenecemos a ella es legítima: en menores de 18 años, nuestro país tiene el primer lugar en prevalencia de obesidad y sobrepeso a nivel mundial. Eso traerá consecuencias sobre las próximas generaciones, pues ya adultos y padeciendo estas enfermedades, estarán privados de mantener una buena salud.

En el Foro que organizamos para ahondar sobre la regulación de alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas, el Subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, destacó que la falta de una alimentación saludable no se centra en el cuidado individual, puesto que el problema es estructural y colectivo.

Sostuvo también que las campañas hechas en anteriores gobiernos sobre la sana alimentación no solucionan el problema por sí solas, ya que, en lo que respecta a producción agroalimentaria nacional, abundan los productos ultraprocesados e industrializados, y la gran mayoría de esos alimentos tienen exceso de sal, de azúcar, de grasas y de calorías.

Los esfuerzos que se están llevando a cabo en distintos estados de la república, como el caso de Oaxaca o Tabasco, son importantes, ya que, al prohibirse la venta de alimentos ultraprocesados a niñas, niños y adolescentes, se da un paso hacia el cuidado de una sana alimentación y cuidado de la salud a nivel colectivo. Es justo eso lo que queremos para Colima.

En lo particular, las y los diputados de la fracción parlamentaria de Morena en el Congreso del Estado de Colima, asumimos el reto de lograr la armonización de la propuesta de Ley que recientemente propusimos para regular la venta y difusión de alimentos chatarra y “veneno embotellado”.

Quizá algunos de ustedes se pregunten si esta modificación es importante o no. Para mí, está clara la urgencia y la importancia: hasta hoy, según cifras de la Secretaría de Salud del Gobierno de México, el 80 por ciento de las personas que murieron a causa del Sars-Cov2 ya presentaba alguna de las comorbilidades que agravaron los síntomas del COVID-19: diabetes, obesidad y los padecimientos cardiacos asociados a ellas, han sido los factores determinantes en la sobrevivencia o no de quienes han enfermado a causa de la pandemia. Estos padecimientos tienen su origen en la calidad de los alimentos que consumimos. Por eso, debemos decirle adiós a la “comida chatarra”.

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