PERIODISMO ARROGANTE

Cuando, en 2011, Federico Mastrogiovanni se acercó al tema de la desaparición forzada de personas para escribir su libro Ni vivos ni muertos (Penguin-Random House, 2014), no conocía ni el término ‘desaparecido’.

Había estado investigando durante años sobre la cuestión, pero la mejor enseñanza se la dio un colega:

“El dolor de las personas que tienes enfrente es tan grande, que te afecta enormemente como periodista. Al narrar tenemos que considerar una realidad de nuestro trabajo: hay ciertos temas sobre los que no es agradable leer.

“Como periodistas tenemos que confrontarnos con ese reto. Aunque nadie tiene obligación de leerme, probablemente lo haga porque el tema le interese. Y es importante que la gente sepa que la desaparición forzada en México se usa como una estrategia de terror, aunque no le hayan desaparecido a un familiar.

“Conocer el problema es muy doloroso y no sólo para las personas involucradas directamente, eso es una obviedad, sino para cualquiera. Nadie quiere enfrentarse a temas como la desaparición forzada. Preferimos no leer ni saber de ellos.”

Mastrogiovanni habló de esta paradoja informativa en la conferencia sobre Periodismo Narrativo dictada en el marco de la primera feria virtual del libro Colima Lee, República de Lectores, el 29 de noviembre (https://web.facebook.com/1872359353063728/videos/208280050779327).

En una conversación con Grecia Navarro, directora de las librerías Educal en el estado de Colima, el periodista independiente y académico de la Universidad Iberoamericana, campus Ciudad de México, donde coordina el programa Prensa y Democracia (Prende), expuso que la gente se resiste a saber de temas escabrosos y no porque sea irresponsable:

“Cualquiera en su sano juicio querría tener menos dolor en su vida. Y aunque yo quisiera encontrar lectores para un asunto que es importante meter al debate público, debo entender que no es agradable para nadie enterarse de eso.

“A los periodistas nos gana la arrogancia de asumir que todos deben leer mi trabajo porque es importante, aunque eso implique demasiado dolor. Si leer de un asunto es angustiante, imagínate para los que vivieron situaciones violentas como la desaparición de un familiar”, pondera Mastrogiovanni.

SUTILEZA POÉTICA

¿Qué debe hacer entonces el periodista?

“Como escritor de no ficción, tiene que ayudar al lector a tener acceso a cierta información sin que ese conocimiento lo destruya. No puede obligarlo a fuerza de pitazos, porque llegará a un punto en que el lector decida mejor cerrar el libro.

“El autor debe ayudar al lector con una narración que lo tome de la mano, que lo acompañe no sólo a leer la pieza sino a acabarla. Que lea de principio a fin. Es posible acompañar al lector con una narración que le resulte aceptable”, dice Mastrogiovanni, quien ya antes había insistido en la importancia de que la pieza periodística atrape al lector desde el arranque.

Y pone dos ejemplos:

– En literatura, una novela de Jennifer Clement, Ladydi (Lumen, 2014), sobre una niña de 11 años, Ladydi García Martínez, a quien en el estado de Guerrero hacen pasar por un chico para evitar que los narcotraficantes la secuestren. “Cuando la leí, ya tenía un prejuio sobre esos temas. Pero Clement consigue, con mucha delicadeza, que llegues al final de la novela”.

– Y una película, Las elegidas (2015) de David Pablos, el mismo director de El baile de los 41 (2020). “A partir de un libro de Jorge Volpi que Pablos ambienta en Tijuana, como Ladydi, también la cinta habla de niñas secuestradas. Es un tema terrible pero el realizador lo enfrenta con responsabilidad, delicadeza y poesía”. Siempre ayuda la poesía, enfatiza Mastrogiovanni, quien subraya que Clement es poeta.

CINE Y LITERATURA

El periodismo narrativo es narración, no pura técnica narrativa, explica el ponente. Y cita al mismo David Pablos que, en una entrevista, le dijo: ‘No me gustan los directores que te hacen ver lo buenos cineastas que son’.

“Pablos hablaba de cine pero, en referencia a la literatura, me disgustan esos escritores performáticos tan buenos que todo el tiempo te quieren enseñar qué buenos son.

“Hacen que el lector se enfoque en los malabares, en su habilidad. Pero los escritores que a mí me gustan son los que consiguen que no sientas el texto, que no te des cuenta de su bravura y su catadura, porque el autor te lleva de la mano.

“Es lo mismo en literatura, en el cine y en el periodismo. Vemos películas donde el director te hace sentir sus capacidades técnicas, pero es evidente que está centrado en sí mismo. El gran autor no es quien te impresiona sino quien te cuenta la historia y no es sino, hasta que acabas de leer, cuando comprendes lo difícil que fue construir la narración.

“En ese nivel está el periodismo narrativo, y sirve justo para eso. Cuando vuelvo a leer Ni vivos ni muertos o cualquier otro trabajo de hace muchos años, descubro que ciertas decisiones narrativas las habría tomado de otra manera, pero la intención fue siempre la misma: lograr que un lector que quizá tiene menos interés que yo en el tema, entre en la historia y pueda saber que existe esa realidad; que llegue al final de la lectura con más información de la que tenía cuando empezó.

“¿Cómo lo consigo sabiendo que es un tema sobre el que ni yo mismo tendría el deseo de leer? ¡Ese es el reto!”, proclama Mastrogiovanni.

CON EL FILO DE LA HOJA

En el gremio periodístico, dice Federico, abunda la arrogancia y la superioridad moral. “Antes yo me identificaba con esta fórmula moralizante: educar a los demás con mis principios, que asumo son los buenos porque los principios de los demás son malos. Ahora estoy convencido que mi tarea no es educar, sino ayudar al lector a generar más dudas”.

En la historia, los procesos moralizantes siempre han sido hegemonizantes y prepotentes. “Pero, ¿quién me da el derecho de, en nombre de mis principios, arrasar a los demás?”, sostiene el también autor de El asesino que no seremos. Biografía melancólica de un pandillero (Debate, 2017).

Varios de los libros de no ficción dentro de la Colección Popular del Fondo de Cultura Económica (FCE), afrontan ese reto de generar más dudas que certezas. Y como parte de la serie de Periodismo Narrativo (los de lomo verde) de esa colección, en breve se publicará una nueva obra de Mastrogiovanni cuyo título tentativo es Aquí acaba la patria.

Otros libros de la serie que comentó Federico, como parte de la dinámica de una conferencia sobre Periodismo Narrativo en el marco de la feria virtual del libro, son:

El samurái de la Graflex (FCE, 2019), de Daniel Salinas Basave, la historia de un japonés que llega a México a principios del siglo XX y acaba siendo un héroe de la Revolución; verdadera arqueología de un personaje que nos ayuda a entender aspectos de su entorno, señala.

Un poco como Salinas Basave, en la confección de Aquí acaba la patria “me topé con un montón de historias de frontera. Una en Chiapas, donde la mamá de un amigo es, a su vez, hija de un inmigrante corso que llegó a Tapachula a trabajar en la recolección de café. Investigas una historia y te salen otras maravillosas, cada una de las cuales merecería una narración completa”.

Otros dos libros de la serie de Periodismo Narrativo son de Larisa Reisner: Hamburgo en las barricadas y Sviyazhsk. Hombres y máquinas. Reisner es la gran reportera roja del siglo XX, según la portada en la edición del FCE. Nació en lo que ahora es territorio polaco y murió a los 30 años. Es una revolucionaria incomprendida por el comunismo y por la literatura.

Y no se puede dejar fuera de las recomendaciones el libro de Víctor Casaus, Pablo: con el filo de la hoja, una biografía sobre el cubano Pablo de la Torriente Brau, escrita por el director del centro cultural que en La Habana lleva el nombre de ‘el creador del periodismo de acción’.

EL ROMANO

La biografía del hombre que llegó de Córcega a Chiapas resuena en la mente de este romano, que dejó Italia para recorrer el mundo y terminó asentado en México.

“Cuando la gente habla de razas, no entiende que la historia de la humanidad es la historia de muchos cruces y mezclas. La familia de mi padre viene de Sicilia, una tierra violentada durante 25 siglos. Los indígenas sicilianos han sido invadidos desde los fenicios. Desde entonces, todo el mundo ha ido ahí a devastar y construir sobre las ruinas de la ocupación anterior. Palermo fue el califato más grande de su época, pero luego llegaron los normandos a descrubrir que los árabes sí sabían airear las fincas.

“No nos confundamos, la mezcla racial es resultado de un proceso de dominación. No se unieron pacificamente para crear familias mixtas. El reino de las Dos Sicilias existió desde finales del siglo XIII hasta la segunda mitad del siglo XIX, cuando llegaron los piamonteses con Garibaldi a unificar Italia, y durante todos esos siglos pasaron por la isla y la parte sur de la península tanto españoles como franceses, austriacos e ingleses.

“No podemos negar la acumulación de genes que llevamos en la sangre. Los sicilianos somos el resultado de algo que puede no gustarnos, pero sobre lo que no tenemos ningun poder. De mis rasgos, mi sangre y el lugar donde nací, no tengo ningún control. De mi biografía, mis orígenes son lo menos interesante porque no tengo ninguna influencia sobre ellos. No elegí nacer en determinado lugar.

“Y aunque el hecho de ser europeo me pone en un lugar más o menos favorable, en comparacción a otra persona que nació el mismo día y año pero en otra latitud, dentro de la actual corrección política la blanquitud es el mal.

“Sin embargo, si nos movemos en la historia, las relaciones de poder cambian. Cuando los europeos meridionales fueron sometidos por los árabes, para la Cristiandad ser blanco no era malo. Luego cambió la dominación árabe por la normanda, y los blancos se volvieron los malvados de la historia.

“En el devenir se han ido dando una serie maravillosa de combinaciones, pero tenemos la arrogancia de pensar que nunca en la historia había pasado algo antes. En ese sentido, cada quien debe asumir sus acciones, no atribuirle responsabilidad a los demás. Aunque eso te lleve al abismo, porque nadie se mira al espejo y se gusta.

“Me preocupa que quienes se la pasan evangelizando todo el tiempo, enseñando cómo deben ser los demás, sean quienes más cadáveres tienen en el armario. Cada religión encuentra formas de justificar su propia violencia. Se cometen las peores aberraciones en el nombre de las causas justas, y las guerras santas conllevan miles de muertos”, reflexiona Federico Mastrogiovanni.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com.

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