PERIODISMO DE TRANSICIÓN

El deslinde que hizo el presidente López Obrador del periodismo de Carmen Aristegui nos da la oportunidad de reflexionar sobre una industria como la periodística, tan prostituida por algunos, tan menospreciada por otros y tan poco entendida por todos, dice Vicente Serrano.

Como en su momento la presencia de Julio Astillero en la mañanera para responder a las menciones que hicieron ahí –dentro de la sección ‘Quién es quién en las mentiras’– de su cobertura del tema de la reserva de la Sierra de San Miguelito en SLP, esta polémica con Aristegui nos deja ver cómo funciona el ecosistema de comunicación social tras la irrupción de las redes sociales y los medios independientes, señala el conductor de Sin Censura TV.

Para el periodista y académico Oriol Malló, uno de los invitados a la mesa de periodistas del 4 de diciembre en el canal de Serrano en YouTube (https://www.youtube.com/watch?v=cg0onUgy4FE), la de Carmen Aristegui es la crónica de una separación anunciada respecto de los poderes:

“De 2006 a 2018 se combinaron dos factores que hicieron suponer cosas de Aristegui que no resultaron ciertas. Para la derecha, Carmen era la propagandista de López Obrador, pero, en realidad, ella fue por principio el ejemplo de la transición fracasada, el modelo del periodismo que habría funcionado si el régimen empresarial y político no hubiera sido tan salvaje.

“Ese régimen no permitió que, en medio de los negocios entre Presidencia y empresarios, funcionara un periodismo como el de Aristegui. Su tipo de periodismo no era viable en una industria mediática como ésa.

“Por eso le pasó lo que le pasó, primero en la W y luego en MVS Radio. A fin de cuentas, para los acuerdos de gran chayotaje la figura de Carmen era incómoda. Ella creía en un sistema con democracia representativa y capitalismo bien entendido, pero los gobiernos de la transición no fueron más que una forma más democrática y liberal de lo que hoy llamamos conservadurismo.

“No obstante, ella hizo la diferencia con su honestidad. Aristegui se negó a aceptar las transas que caracterizaron a Carlos Loret, Eduardo Ruiz Healy y tantos otros columnistas o periodistas que a eso se dedicaron durante muchos años. Curiosamente, la figura de Carmen como una periodista honesta supuso que, por un tiempo, se pensara su relación con López Obrador en términos de una alianza”, opina Malló.

AUDIENCIA COMPARTIDA:

“Lo que pasaba es que López Obrador y Aristegui tuvieron audiencias compartidas. Un público en común que se dividió cuando, al final, el sistema se politizó de verdad y terminó habiendo dos grandes polos informativos. Es lo mismo que ocurre en España o en Estados Unidos, donde las grandes cadenas y los medios generalistas toman partido, adoptando una agenda editorial en función de un público dividido”, explica Oriol Malló.

“Esa audiencia compartida por López Obrador y Aristegui se rompió en 2018, justo cuando Carmen vuelve a la radio abierta y deja el exilio de internet. Se perdió también ese factor común que pudo unir por un tiempo a Denise Dresser con gente de izquierda, en defensa de una misma libertad de expresión. Libertad que no se ha roto en ningún caso, es importante recalcar, porque un presidente que critica y opina no es un presidente que manda mensajes a un empresario para que corra a un periodista.

“Al romperse esa agenda compartida, desde 2019 se empezó a notar obviamente que el espacio común ya no existía. También se comienza a discutir, desde la izquierda, las ideas de Aristegui en torno a que todo poder gubernamental tiene algo de perverso y malo que se debe investigar; que en el mundo de la empresa sólo quedan algunas manzanas podridas, pero que el sector privado es bueno en general; o que la sociedad civil no sólo es buena sino intocable, porque es el referente de la transición.

“Para paliar esta polarización, la propia Carmen modificó sus tertulias de opinión para generar una menos anti-AMLO, el lunes, y otras marcadamente más antiamloístas. Pero el problema es que las audiencias no se mezclan en ningún país del mundo. Los públicos de Fox News y los de CNN en Estados Unidos no se revuelven, tampoco los de SER con los de la COPE en España. Son públicos contrapuestos.

“Pues bien, las audiencias de AMLO y Aristegui ya no comparten un ideario común, y eso explica en gran parte que, al final, esa separación se haya visualizado en el momento en que Aristegui asumió la defensa de la sociedad civil frente a los posibles abusos del poder. Esa siempre fue su lógica, pero en el contexto de la 4T esa visión choca con una parte de la audiencia.

“Muchos fuimos compañeros de viaje con Carmen Aristegui, muchos compartimos la defensa de su libertad de expresión frente a las empresas que la coartaron una y otra vez. Pero en este momento clave de la historia, hay una audiencia que también comparte una identificación con el proyecto de transformación; que ya no cree que todo gobierno es malo y, por tanto, que la salvación frente a los abusos del poder está en la sociedad civil, en las organizaciones no gubernamentales. Es una audiencia que tiene ideas claras en defensa de este presidente.

“Esas diferencias sustanciales explican también el comentario del presidente en contra de Carmen. Sí, es un asunto personal. Es un divorcio, como en toda separación hay sentimientos y aquí se siente el enojo. Pero es la ruptura de una relación que mucho tiempo fue de concordancias y, de hecho, de colaboración.

“Eso es real, cada vez que Aristegui entrevistaba a Andrés Manuel ella asumía el papel de la crítica, en esa escuela de la vieja objetividad por encima de las agendas, como si no existieran éstas. A la hora de la verdad, resultó imposible ignorar las agendas. En el contexto de la polarización que se está dando en México, no hay línea editorial que no se vincule a uno u a otro sector”, explica Oriol Malló.

EL ERROR DE ARISTEGUI:

Para Malló, “el error de Aristegui” es que en el caso de ‘Sembrando Vida y la fábrica de chocolates’ (https://bit.ly/3E92wvB) –el reportaje de la Plataforma de Periodismo para las Américas, Connectas, que el portal de Carmen y otros medios como Proceso reprodujeron– se perdió la seriedad con la que Carmen siempre había sustentado sus investigaciones.

“Cuidando la veracidad de los datos, Aristegui coordinó investigaciones periodísticas trascendentales. Basta recordar la de Monex en 2012”, señala el escritor y periodista catalán, quien ha sido en México catedrático de la Escuela de Periodismo ‘Carlos Septién García’, docente en el ITAM y en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

“A favor de Carmen, hay que decir que la investigación se publicó como parte de un paquete de varios medios que, por cierto, en ese sentido genera en sí mismo un problema de agenda. Esa alianza de medios constituye también una agenda política, vinculada a una ofensiva conservadora y opositora. Se acaba, otra vez, generando la sensación de que Carmen está en manos de una agenda que no es la propia de una periodista, sino la de un proyecto político. Y aunque no sea el tuyo, acabas formando parte de ese proyecto.

“Para decirlo en plata, Carmen se decidió por una audiencia y esta decisión lleva ejecutándola tres años. Con ello se rompió el espacio común entre Aristegui y una parte de la gente que transitamos durante 12 años en una lucha, muy dura, por cambiar algo de este régimen de corrupción política y empresarial.

“Al final del día, es notorio que ya no es posible seguir juntos. Es por tanto la crónica anunciada de una separación que ya existía, pero que ahora se visibilizó como un divorcio. Y como toda ruptura matrimonial, implica sentimientos.

“A diferencia de la relación de López Obrador con Loret de Mola, donde es obvio que nunca hubo amor alguno, en el caso de Aristegui sí hubo muchas cosas compartidas con Andrés Manuel y con mucha más gente. Hay un sentimiento personal porque es una separación real”, sostiene Oriol Malló.

CARMEN SE DEFINIÓ:

“Nadie creería que Carmen pueda manejar dos audiencias a la vez, como pensó durante los 12 años que esto fue factible. Ya instalada la 4T, al no tomar posición Carmen sí ha tomado posición. Y sumar la marca de Aristegui a esa combinatoria para publicar el reportaje, fue una forma de determinar y explicitar que ya es parte de un frente periodístico [en contra de López Obrador]. En la lucha de audiencias y en la agenda editorial, ella está en una posición concreta. Aunque todavía tiene una credibilidad y una honestidad que otros no tienen.

“Yo apuesto a los divorcios civilizados, a evitar siempre la rijosidad y el exceso. Y creo que cuando haya temas que son ciertos, como el de Julio Astillero y la sierra de San Miguelito, hay que darles la razón a los críticos de la Cuarta Transformación. No pasa nada si, a veces, desde una política o una agenda contrapuesta, se dicen verdades que, en todo caso, servirán para que, por ejemplo, confrontemos lo que pasa en algún estado.

“Es importante mantener ese respeto fundamental que fue la base de la relación que durante mucho tiempo mantuvimos quienes compartíamos ideales. Pero también es importante que se visibilice cómo, a partir de 2018, muchos de quienes fuimos compañeros de viaje, en esa larga e inacabable transición, nos fuimos separando en el camino.

“Estábamos, además, bastante solos. Entre 2009 y 2015 cuando se publica el reportaje sobre la Casa Blanca de Peña Nieto, francamente los medios corporativos eran muy fuertes y dominantes. Los medios alternativos estaban empezando y se fueron posicionando, pero no sería hasta después de 2018 que tuvieron la fuerza necesaria para competir con las televisoras y radios dominantes.

“Teníamos a gente como Anabel Hernández (a quien yo entrevisté hace años y ya entonces me preocupó oírla hablar en tercera persona, porque daba la impresión de ser una de esas estrellas que no podemos tocar) y a otros con los que uno podía discutir, aunque a veces ellos mismos hacían cosas francamente muy discutibles.

“Algunos de esos reportajes en libro no soportarían un análisis serio, no pasaron la prueba del tiempo. Sin embargo, se permitieron cosas porque éramos parte de una idea de cambio que empezó en 2000 a intentarse y no fructificó porque, realmente, era compleja y caótica.

“Recuerdo que José Antonio Crespo hizo un libro sobre las elecciones de 2006, y como dijo que quizá era posible la existencia de algún tipo de fraude, aplaudimos la sola mención de su nombre en el Zócalo a sabiendas que era el tipo de personaje que, cuando llegara un gobierno de izquierdas, lo tendríamos en contra. Como está hoy en día”, afirma Oriol.

DIVORCIO DOLOROSO:

“En esa soledad de saberse oposición y completamente fuera de ese régimen que no permitía ninguna broma, teníamos un cierto compañerismo que explica por qué se da ahora una separación afectiva y emocional entre Aristegui y López Obrador.

“Es como la que sucedió entre el zapatismo y la izquierda obradorista, una separación que resultó tan complicada para mucha gente que sentía sus lealtades divididas. Hubo emociones históricas, hablamos de algunas marchas compartidas, de visitas que implican una relación personal con gente que compartíamos varias cosas. Fueran confusas o no, las compartimos.

“Esa ruptura llegó, es evidente ya a la mitad del sexenio. El dolor es lo de menos, en ese sentido hay que agradecer que simplemente ese mundo terminó, y que eso implica que cada uno está tomando postura en función de lo que viene y de lo que hay ahora”, enfatiza Oriol Malló.

Asumiendo esas cuotas de dolor, aceptando que hay rupturas y que tienen consecuencias, incluso observando a la gente que en Twitter descubre que su libertad de expresión está por encima de un proyecto común y termina adoptando discursos de la derecha, es importante entender estas rupturas, más que como un costo, como la posibilidad de seguir por distintos caminos.

Lo importante es reconocer que sí hubo un proyecto común, una lealtad compartida y la sensación de que, por primera vez en la historia de la oposición de izquierda en México, “caminamos en un movimiento que no fue puramente de resistencia”, dice el entrevistado.

“En el camino se van perdiendo relaciones, sin que haya rupturas personales. Y aunque siempre hay que evitar rupturas demasiado apasionadas, está bien que Aristegui y otros hayan decidido por una audiencia y por un proyecto que ya no es el nuestro.

“La labor de Carmen es loable, pero se vale señalar cuando le salen mal las cosas o hace malos reportajes. Las periodistas no son vestales, el periodismo no es una religión. Merece respeto, pero no es en absoluto un oficio intocable.

“Al revés, todo es cuestionable. Este es un régimen distinto, hay un cambio, una transformación, y ahí están sus consecuencias y sus saldos. Es bueno, es saludable, aunque insisto obviamente hay costos y ahora finalmente el divorcio ya es visible y real. Se puede decir que, finalmente, se acabó el matrimonio” entre Aristegui y los lopezobradoristas, concluye Oriol Malló.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

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