POLÍTICA FICCIÓN

La obra maestra de (la semana pasada en) la ficción política mexicana es el cuento de Claudia Sheinbaum como futura rectora de la UNAM.

Es probable que esta historia se haya fabricado en un tanque de pensamiento al servicio de la derecha, como parte de la estrategia para descarrilar a la mejor perfilada hasta este momento entre los aspirantes a la nominación presidencial de Morena.

Y si bien es política ficción pura, eso no impidió a los seguidores de las otras corcholatas –concretamente a los simpatizantes de Adán Augusto López Hernández– difundir el rumor en sus redes sociales, argumentando que sería un premio de consolación para quien ya no será candidata.

La falsa noticia se nutre de otra mentira: si la Cuarta Transformación no coloca a alguien de la absoluta confianza del presidente López Obrador, la élite académica que ha estado enfrentada al Ejecutivo federal desde los primeros meses del sexenio acabará aclamando, como sucesor de Enrique Graue, al expresidente del INE Lorenzo Córdova. ¡Qué miedo!

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Con la lógica del viejo régimen, se nos recuerda que el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México fue hasta antes de 2018 parte del gabinete ampliado. El cargo era equivalente a la titularidad de una secretaría de Estado, pero no pasó nunca lo mismo con el director general del Instituto Politécnico Nacional, que no goza de autonomía.

A lo largo del siglo pasado y hasta antes del periodo de Graue, no pocos rectores terminaron incorporándose al Poder Ejecutivo. Por el contrario, más de un secretario de Estado fue designado rector por la Junta de Gobierno. Hagamos un repaso:

El exgobernador interino de Guanajuato, Ignacio García Téllez, fue rector y después ocupó en diferentes sexenios las carteras de Educación, Gobernación y Trabajo, así como la Procuraduría General de la República, antes de concluir su carrera como director general del IMSS.

Previo a la rectoría, Manuel Gómez Morín fundó el Banco de México y la Escuela Bancaria y Comercial que, al principio, dependía de la Secretaría de Hacienda (luego se volvió privada). Entre lo que hizo quien fuera llamado uno de los Siete Sabios de México después de estar al frente de la UNAM, fue fundar el PAN y ser su primer presidente.

Gustavo Baz fue secretario de Salubridad y Asistencia luego de su paso por la rectoría y, más tarde, gobernador del estado de México y senador. Alfonso Caso fue secretario de Bienes Nacionales antes de ser rector y, después de ese encargo, primer director del INAH.

Salvador Zubirán fue subsecretario en la Secretaría de Asistencia Pública, antes de encabezar la Universidad. Javier Barros Sierra llegó a la rectoría después de ser secretario de Obras Públicas. Y Guillermo Soberón, al terminar su gestión rectoral se convirtió en secretario de Salud.

Tras su paso por la UNAM, Jorge Carpizo fue ministro de la Suprema Corte de Justicia, presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, procurador general de la República, secretario de Gobernación y embajador en Francia.

Antes de ser rector, Juan Ramón de la Fuente fue secretario de Salud y, años después de terminar su periodo en la máxima casa de estudios del país, se convirtió en el actual representante permanente de México ante la ONU. Finalmente, tras ocupar la rectoría José Narro fue designado secretario de Salud.

(Enrique Graue no debe esperar ser invitado al gabinete en este ni probablemente tampoco el siguiente sexenio).

PANORAMA CLARO

Sheinbaum es una prestigiada investigadora en ciencias ambientales. Y sí, su hipotética llegada a la rectoría de la UNAM podría aliviar las tensiones que la comunidad académica ha tenido con el presidente López Obrador por varios motivos, entre ellos el nombramiento de María Elena Álvarez-Buylla al frente del Conacyt. El conflicto se agravó con la reciente reforma legislativa a ese Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología que, ahora, se quiere también de Humanidades.

Mas, por muy bien intencionada que parezca la especulación, es claro que Sheinbaum no dejará la carrera presidencial para cubrir la vacante en la UNAM. A alguien se le ocurrió que el problema para negociar con Claudia es que no existe un plan B para ella, y que la rectoría cubre ese faltante. La lógica es impecable, pero el evento es improbable.

Mientras las encuestas preliminares sigan señalando a la jefa de Gobierno de la Ciudad de México como la más fuerte aspirante a la candidatura presidencial de Morena, la doctora Sheinbaum seguirá en la competencia con la ventaja, además, de ser percibida como la favorita de Andrés Manuel López Obrador.

Si la popularidad de AMLO estuviera por los suelos, la gente señalaría a la favorita del presidente como segura perdedora. Es la razón por la cual Marcelo Ebrard sale tan alto en los sondeos de opinión entre quienes no quieren al mandatario nacional.

Algunos de nuestros lectores nos dicen en mensajes privados que pueden cambiar las cosas de aquí a unos meses. Y muchos de ellos formulan teorías acerca del engaño o distractor que supone la inclusión de Claudia en la lista. Las circunstancias, aseguran esos lectores, obligarán a AMLO a decidirse en forma realista por Marcelo o Adán Augusto.

Sin embargo, difícilmente las cosas serán de otro modo a como ya pintan. Aun cuando es cierto que hubieran podido ser distintas si las condiciones que ha enfrentado el gobierno de Andrés Manuel hubiesen sido diferentes.

VOTO DE CONFIANZA

Claudia será la candidata porque Andrés Manuel tiene la fuerza para impulsarla como abanderada de Morena y hacerle ganar la elección. Con el margen de maniobra que tiene, en los próximos comicios López Obrador podrá cumplir en México la agenda feminista global que establece, entre otros puntos, que los gobiernos encabezados por mujeres suponen un estadio superior de la democracia.

Para uno de los poderes que operan en México, el gobierno de los Estados Unidos hoy en manos de los demócratas, una mujer en la presidencia de la república es una asignatura pendiente en Norteamérica después de la derrota de Hillary Clinton a manos del machista y misógino Donald Trump, y de las dificultades que enfrenta la vicepresidenta Kamala Harris para suceder a Joe Biden.

No pocos analistas políticos sostienen que #EsSheinbaum porque, de las tres corcholatas Claudia es una auténtica militante de izquierda y, sobre todo, no suspenderá el programa transexenal de la Cuarta Transformación. Por convicción, aunque parezca juego de palabras, ella no claudicaría de los ideales de la 4T por mero pragmatismo, por ejemplo, para librarse de las presiones de la oposición política y los poderes económicos o mediáticos.

A Sheinbaum se le ve como una colaboradora leal que se la pensaría dos veces antes de enjuiciar al expresidente, buscando usar ese proceso como una válvula de despresurización en caso de que su gobierno llegara a enfrentar una crisis.

LA HISTORIA VIRTUAL

Este ejercicio de ficción política admite un juego de historia virtual, ese que responde a la pregunta: ¿qué habría pasado si…?

Ebrard Casaubón hubiera sido el candidato presidencial en un escenario distinto: uno donde la fuerza del presidente fuera menor o nula, y donde al voto duro de Morena le hiciera falta el sufragio de aquellos sectores de la ciudadanía identificados con una visión de centro y centroderecha.

Sin una figura potencialmente ganadora, no pocos priistas o panistas a los que se les pregunta sobre el 2024 responden que #ConMarceloSí. Y esa es la principal razón por la cual Ebrard no es el favorito de AMLO: al deberle el triunfo a la militancia de los partidos de oposición, entre otros compromisos que le impondrían los reaccionarios al nuevo presidente sería juzgar al anterior mandatario. Está en el credo neoliberal: ¡Zedillo persiguió a Salinas!

UN NUEVO ESTILO

Por otra parte, está claro que Adán Augusto López Hernández entró a la competencia para evitar que la disputa interna se polarizara y produjera un choque de trenes que dejara a López Obrador sin candidatos.

Jorge G. Castañeda relata en La herencia. Arqueología de la sucesión presidencial en México (1999) cómo eso le pasó a José López Portillo: se quedó únicamente con Miguel de la Madrid y, para proteger al tapado, tuvo que habilitar a Javier García Paniagua como contendiente.

Pero que Adán Augusto sea el tercero en discordia no significa que sea el caballo negro en la carrera presidencial. Podría haberlo sido si el escenario fuera otro: si AMLO no tuviera consigo a los gobernadores, incluso a algunos que no son de Morena; si buena parte de esos mandatarios no fueran mujeres que han asumido como bandera llevar a Claudia a Palacio Nacional, las condiciones estarían dadas para #QueSigaLópez, un operador político nato.

Muchos de los simpatizantes de la 4T que forman parte de la vieja guardia se desconciertan con una política como Sheinbaum Pardo que casi no sonríe; que habla con tecnicismos, no con refranes; y que realizó una mala operación política en las elecciones intermedias de 2021 cuando Morena perdió en la Ciudad de México la mitad de las alcaldías y los distritos que, como acabamos de ver, le han hecho falta al Ejecutivo para alcanzar la mayoría calificada en la Cámara de Diputados.

Por eso, muchos cuatroteístas ven más presidencial a Adán Augusto que a Claudia. Pero es la carencia de un perfil típicamente político lo que proyecta a Sheinbaum. ¿Qué mejor manera tendría el obradorismo de mostrar que se trata de un régimen distinto, que impulsar a una estadista que no responde a los estilos tradicionales?

FRÍAMENTE CALCULADO

También ficción política es la narrativa que han construido algunos de aquellos que miran a López Obrador como un frío estratega que ya tiene todo calculado.

Según esta teoría conspiracionista, Claudia, Marcelo y Adán Augusto ya negociaron la sucesión bajo la atenta guía de Andrés Manuel, y están participando de mutuo acuerdo en una puesta en escena donde los roles están marcados en una trama que, si nadie rompe el teatro, centralizará la competencia política y dejará a la oposición sin un candidato viable y sin proyecto.

Tal vez no sea un plan deliberado sino una consecuencia de la forma en que López Obrador ha venido conduciendo el proceso interno. La 4T produjo su propia oposición: Ebrard, quien encarna los deseos de muchos mexicanos por moderar las propuestas más radicales de los sectores izquierdistas del movimiento.

Mientras los partidarios de una continuidad contenida mantienen la expectativa de que Marcelo sea el candidato, se desinflan los perfiles más moderados del prianismo y adquieren relieve propuestas de extrema derecha, como Lily Téllez, condenadas por definición a captar el voto de un sector minoritario del electorado.

(En el otro polo ideológico al de la senadora, se desdibuja un rostro como el de Gerardo Fernández Noroña cuya mayor virtud es mantener alineados con el obradorismo a quienes podrían haber sido seducidos por un discurso de extrema izquierda como el que, en su tiempo, enunció el subcomandante Marcos).

LA 4T SIN AMLO

Una función equivalente tiene López Hernández. El gobernador de Tabasco con licencia ofece tranquilidad a aquellos políticos profesionales que, conscientes de la actual hegemonía de Morena, están preocupados por la aparente debilidad de Sheinbaum para someter a los grupos de presión, promoción o interés que enfrentará.

En este sentido, el binomio Claudia-Adán se complementa. Pero Claudia y Marcelo resultan en algunos aspectos opuestos entre sí. Ya hay quienes imaginan combinaciones perfectas: Sheinbaum llega a la presidencia y Adán Augusto se mantiene en Gobernación haciendo alarde de mano izquierda y, si se ocupa, de mano dura; con Marcelo como coordinador de la bancada oficialista en el Senado.

En otro modelo, Ebrard despliega sus dotes como conciliador ya no en Tlatelolco sino en Bucareli, con el riesgo que esto supone para el presidencialismo de que el hoy canciller se asuma como virtual vicepresidente de la nación. Todo esto con López Hernández operando en el Congreso de la Unión, en un ensayo de parlamentarismo. O, si no se logra la ansiada mayoría calificada, con Adán Augusto al frente de Morena tratando de darle institucionalidad y organicidad, es decir, estructura de partido a lo que hasta hoy ha sido un movimiento desbocado.

Nuestro correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

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