APUESTA POR CUAUHTÉMOC

Con la postulación de Lupita Solís a la alcaldía de Cuauhtémoc, Indira Vizcaíno redobla la apuesta para recuperar en 2024 la localidad donde están sus raíces familiares, donde ella creció y donde fue presidenta municipal entre 2012 y 2015.

Aunque a Arnoldo Vizcaíno Rodríguez le hicieron chanchullo en 1994 para que no fuera alcalde (el gobierno de Carlos de la Madrid no iba a permitir que el candidato a la presidencia Ernesto Zedillo pasara la vergüenza de que el PRD triunfase en la tierra natal de su esposa), y no obstante que la victoria de su hija Indira fue un acontecimiento electoral en el municipio que ha dado varios gobernadores al estado, Cuauhtémoc se le ha resistido a la izquierda encarnada por Morena.

En 2018 fue el único distrito local de mayoría que no ganó el partido de López Obrador. Se lo quedó, con el registro del PAN, el hoy secretario de Fomento Económico, Francisco Rodríguez. Y en 2021, pese a que Indira consiguió la gubernatura, la 4T perdió la diputación federal por el primer distrito, la alcaldía y de nueva cuenta el distrito local.

Con Solís Ramírez, pues, Indira redobla la apuesta. Lupita fue su brazo derecho y sucesora en la delegación federal de Bienestar. Y ese papel de ‘mujer de confianza’ se confirmó cuando la gobernadora electa la designó futura secretaria general de Gobierno.

Desde hace años, ese despacho fue despojado del protagonismo que le daba preminencia sobre el resto del gabinete. Ahora las funciones operativas de la administración las comparte el responsable con el jefe de la Oficina de la Gobernadora, la coordinación del gabinete de Seguridad con el secretario del ramo y, las decisiones jurídicas, con el titular de la Consejería. En ese marco, Guadalupe Solís manejó con mucha discreción los asuntos políticos que le encargó la mandataria a la Secretaría General de Gobierno.

En un gabinete donde –como en todos los equipos de trabajo– se han dado fricciones entre los diferentes grupos, Solís fue un factor de ecuanimidad. No se conflictuó con nadie y, en más de una ocasión, consiguió aplacar los ánimos. Por eso, su candidatura fue bien recibida por todos los funcionarios de primer nivel que son oriundos del municipio y que, en algún momento, mostraron interés en ir por la alcaldía, generando sus muy personales redes de apoyo.

A REIVENTARSE, LUPITA

Frente al desafío electoral, Guadalupe Solís tendrá que renunciar al bajo perfil que mantuvo en su último encargo; cobrar relieve para fortalecer la unidad del movimiento y consolidar las estructuras que, hasta ahora, han tenido nombre y apellido.

Lupita es bien aceptada en el municipio, incluso en el contexto del dominio electoral del PRIAN que hace tres años ganó la alcaldía con Gabriela Mejía y el distrito local con Lizzie Moreno. No es improbable un escenario con voto diferenciado, donde la morenista reciba un apoyo mayoritario pero compartido con la actual diputada.

Para enfrentar a la hija del exgobernador Fernando Moreno, se perfila la congresista local Kate Castillo, que a diferencia de Javier Guardado, ‘El Paye’, interpela a los electores de la zona norte del municipio de Colima. Sin embargo, todavía tendrá que trabajar la exmilitante del partido Encuentro Solidario para congraciarse con los electores de la parte del distrito 6 que corresponde a Cuauhtémoc.

No será difícil para Lupita Solís superar el reto de reinventarse como política en campaña. Se creció como delegada de Bienestar, donde mostró eficacia administrativa y sensibilidad social, al tiempo que actuaba con prudencia para mantener los programas federales sin manchar la aspiración de Indira con la sospecha de estar usando recursos públicos en su promoción.

SE RESISTE A MORENA

Como líder del grupo político que hoy gobierna el estado, Indira perdió Cuauhtémoc cuando su antiguo aliado en el PRD, Rafael Mendoza, derrotó con los colores del PAN a Ana Bertha Zamora Prieto, la secretaria del Ayuntamiento que Vizcaíno Silva lanzó para sucederla.

Nominado por el partido del sol azteca, Mendoza fue diputado en la Legislatura local que coincidió con el trienio de Indira como edil (2012-2015), pero recuperó su ideología panista incomprensiblemente molesto por la interpretación que hicieron la alcaldesa Vizcaíno y su oficial del Registro Civil, Martha Zepeda, de los matrimonios igualitarios como un derecho humano reconocido por la Constitución y los tratados internacionales.

Celebrar bodas civiles entre parejas del mismo sexo puso a Cuauhtémoc en el mapa nacional (no se había vuelto a hablar en los medios de la Ciudad de México del municipio desde los tiempos de Nilda Patricia Velasco de Zedillo como primera dama). Y supuso para Indira una victoria política frente al entonces gobernador Mario Anguiano, quien, para conciliar el avance en los derechos humanos con sus creencias religiosas que le impedían llamarle matrimonio a la unión civil de una pareja homosexual, legisló la figura jurídica de los ‘enlaces conyugales’.

El poder judicial de la Federación acabó concediendo amparos a las parejas que se decían afectadas por el no reconocimiento en el registro civil estatal de un matrimonio que, hasta las instituciones de seguridad social, consideraban ya válido a la hora de extender los beneficios del derechohabiente al esposo o esposa.

Finalmente, la Suprema Corte resolvió que la reforma al artículo 147 de la Constitución local que decretó Mario Anguiano contravenía la Carta Magna federal al establecer que, en el estado de Colima, existirían dos tipos de relaciones conyugales: Matrimonio, aquel que se celebra entre un solo hombre y una sola mujer; y Enlace conyugal, aquel que se celebra entre dos personas del mismo sexo. El Congreso local tuvo que modificar la normatividad para reconocer el Matrimonio, simplemente, como un contrato civil entre dos personas.

Mendoza calculó que condenar la apertura de la comuna de Cuauhtémoc a la comunidad LGBT, le daría réditos políticos. Y, al parecer, tuvo razón pues ganó la elección municipal de 2015 (y la reelección tres años después), mientras que a Indira le hicieron falta votos en su municipio para lograr la diputación federal por el primer distrito.

Vizcaíno Silva volvería a la cámara baja en 2018 como diputada federal por el segundo distrito (ya había estado en San Lázaro como diputada plurinominal entre 2009 y 2012). Obtuvo esa candidatura tras declinar la segunda posición en la fórmula al Senado, donde hubiera sido compañera del petista Joel Padilla.

Cuando Andrés Manuel asumió la presidencia, Indira pidió licencia a la Cámara de Diputados para ocupar la superdelegación del gobierno federal en Colima. Este nombramiento la proyectó como adelantada de López Obrador, segura candidata de Morena y propuesta de la 4T –con todo lo que eso implicaba– a la gubernatura.

UNA NUEVA CLASE POLÍTICA

Al llevar a cargos de primer nivel a cuadros que la han acompañado desde el gobierno municipal o, después, en la Secretaría de Desarrollo Social de la administración de Ignacio Peralta, Indira no pretendió crear una tecnocracia sino renovar la clase política. Ello supuso proponer otro tipo de perfiles que, en el viejo régimen, habrían resultado atípicos.

Algunos de los que han sido políticos de la administración tienen ahora la oportunidad de probarse en la política de partido (como Dulce Huerta, que arrancó el sexenio como secretaria de Bienestar, Inclusión Social y Mujeres, y es la actual dirigente estatal de Morena) o en la política electoral, como Lupita Solís o Rosa María Bayardo.

Rosi ha tenido una carrera política meteórica, con cargos en diferentes ámbitos: fue electa diputada federal por el segundo distrito (ya lo había sido como suplente de Indira), pero pidió licencia para convertirse en secretaria de Fomento Económico y, luego, en directora general del DIF Estatal. Morena le tiene apartada la candidatura a la presidencia municipal de Manzanillo.

Caso aparte es Viridiana Valencia, quien dejó la delegación de Bienestar para postularse a la alcaldía de Colima tras haber acreditado su potencial electoral al ganar hace tres años un distrito local por Tecomán. En sus inicios recibió su bautizo de sangre con una derrota en las urnas, y pagó con creces su noviciado haciendo proselitismo a ras de suelo.

Las carreras políticas no se construyen de la noche a la mañana. Y eso lo entiende bien Indira que, como formadora de una nueva clase gobernante, se ha rehusado a descartar colaboradores que apenas estaban completando la curva de aprendizaje. De hecho, varios de los nombramientos en el gabinete se entendieron como ejercicios temporales, con miras a que el siguiente paso fuese competir electoralmente.

El criterio para una nueva oportunidad política tendría que ser un buen desempeño en la administración pública o, en todo caso, el potencial de triunfo. Sin embargo, esta última cualidad no es indispensable. En 2021 perdieron varios de quienes fueron sus acompañantes en las boletas. No obstante, Indira reencauzó políticamente a algunos llevándolos al gabinete.

Fue el caso de Marisol Neri que perdió la elección municipal en Cuauhtémoc, luego de lo cual fue nombrada secretaria de Infraestructura, Desarrollo Urbano y Movilidad en el gobierno estatal.

O de Vladimir Parra, derrotado en la elección para diputado federal por el primer distrito, a quien la gobernadora le encargó la dirección general de la Comisión Intermunicipal de Agua Potable (Ciapacov). Desde ahí buscó la nominación a la alcaldía de Villa de Álvarez, pero ésta será para el actual regidor de oposición Guillermo Toscano, quien va por la revancha contra la prianista Tey Gutiérrez.

GRISELDA CON S

Como ocurrió con el relevo de la ministra Olga Sánchez por Adán Augusto López en la Secretaría de Gobernación, designar a Eloy García Alcaraz como secretario general de Gobierno genera un contraste de personalidades y estilo con Lupita Solís.

No ha faltado quien describa al exdelegado de Semarnat como un negociador duro. Pero esa imagen severa se compensa con el oficio político y administrativo desarrollado por Eloy a lo largo de décadas. Ha participado en gobiernos de los órdenes municipal, estatal y federal, tanto panistas como ahora morenistas. E incluso hay quienes lo recuerdan identificado con el PRI, en su juventud.

Al no tener hasta recientemente una trayectoria de izquierda, el fichaje de García Alcaraz refuerza la idea de un gobierno de coalición en donde importan los perfiles más que la militancia. De hecho, la identidad morenista se ha ido diluyendo en el gabinete lo mismo que la paridad de género.

Esto no habla necesariamente de una falta de compromiso de la gobernadora para con su partido o con las mujeres, sino de un equipo que –en cuanto cantera de potenciales candidatos– se ha ido despoblando de mujeres morenistas porque ellas representan el grueso de la oferta electoral oficialista.

Lo ilustró muy bien la portada de una revista de sociales (Dos8) en diciembre de 2023, donde aparecen las mujeres de Indira: Viri Valencia, Rosi Bayardo, Lupita Solís, la presidenta municipal de Armería, Diana Zepeda, y la alcaldesa de Coquimatlán, Leonor Alcaraz, a quien Morena le acaba de confirmar su derecho a la reelección.

En busca de la mayoría parlamentaria y del control de los municipios más importantes del estado, la apuesta electoral de Indira Vizcaíno se reduce a todo o nada en los comicios locales.

Por ejemplo, la gobernadora tiene plena confianza en conservar Manzanillo con Rosi Bayardo. El potencial electoral del Verde que en el estado de Colima se concentra en el liderazgo de Virgilio Mendoza, suma a la fuerza de Morena en el puerto. Es un voto duro que desborda a la base que construyó Griselda Martínez a lo largo de los dos trienios. Un auténtico y fiel lopezobradorismo que no caerá fácilmente en la trampa divisionista.

GRICELDA CON C

Tras haber cedido Morena las dos posiciones en la fórmula al Senado (la primera al Verde, con Virgilio Mendoza como candidato, y la segunda al PT, con Evangelina Bustamante) y la candidatura a diputado federal por el primer distrito a un aliado reciente, Leoncio Morán (en tanto la del segundo distrito es para un cuadro ajeno a Indira, la senadora Gricelda Valencia), la gobernadora demostrará su liderazgo político bendiciendo a quienes representarán al partido gobernante en la elección de Congreso local y ayuntamientos.

Más allá de los acuerdos políticos que llevaron a Morena a cederle esos espacios al PVEM y al PT, en junio veremos si los candidatos a cargos federales por Colima ayudan a Claudia Sheinbaum a conseguir la mayoría calificada que requiere el Plan C, reteniendo los escaños de mayoría en el Senado y recuperando el distrito electoral federal que, en 2021, Riult Rivera ganó para el PRIAN.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

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