100 DÍAS Y ALGO MÁS

Llegaron los primeros días de la presidencia de Andrés Manuel López Obrador y muchos comentarios hubo en todos los medios. Algunos de los análisis lo califican muy bien, otros bien y no faltan los que lo reprueban. Esto es lógico si consideramos aquella conseja popular que reza que cada quien habla de la feria según le fue en ella. Seguramente, la calificación más válida es aquella que le otorga su altísimo índice de popularidad y confianza, superior al 80 por ciento. Así, el resultado de su gestión, resulta difícil de combatir. Como dijera aquel clásico del innombrable Salinas, No se hagan bolas.

La única conclusión que hemos de obtener de estos primeros días de gobierno, es la necesaria disminución en la velocidad que el Presidente ha impreso a su Gobierno. Y eso, por su propia salud y por la de la República, su ritmo debe ser menor. Varios en su gabinete ya muestran signos del cansancio que les ha dejado el intenso ritmo de trabajo. Y también, muchos de sus colaboradores habrán de redoblar esfuerzos para ponerse a la altura del titular del Ejecutivo Federal. Ya luego comentaremos algunas vivencias en dependencias federales en Colima, donde parece que la Cuarta Transformación se encuentra muy lejos de iniciarse. Algunos nombramientos, al parecer, se alejan de los ideales expresados por el Presidente y sus primeros dejan mucho que deber.

Como ya lo ha comentado CON SAL Y LIMÓN, el Presidente vino a Colima (a Manzanillo) el día 5, unos días antes de cumplirse sus primeros cien días de gobierno y lo curioso del caso es que ya nadie se acuerda que vino (y menos aún, a qué vino), pues la noticia más comentada de su visita, fue el abucheo al gobernador Peralta y su falta de pericia y de gracia para tratar de controlar la vergonzante pero legítima desaprobación de los colimenses a su gestión (y a su persona misma). Se enredó en la bandera y cual auténtico niño héroe, se lanzó al vacío. Ternurita, habrá pensado el Presidente. Nadie lo quiere, concluíamos poco después de la visita. Pero los comentarios al respecto, terminaron muy pronto y no como resultado del buen manejo que hubiera realizado la Dirección de (In)Comunicación Social del propio Ejecutivo Estatal sino producto del affaire del Paseo de los Cocoteros.

El triste papel jugado por el ya, por fortuna, ex Secretario de Turismo (de quien nunca logré aprender su nombre, quizás por su brillante labor al frente de esa dependencia), continúa en boca del pueblo, y dados los rumores de que otros miembros del gabinete estatal (y algún presidente municipal de la zona norte del Estado) también practican la pedofilia, las voces que claman por una investigación transparente y convincente respecto al papel jugado por el ex secretario en los actos de naturaleza criminal ocurridos, se multiplican: No basta con la renuncia, dicen con razón. Y es que el veredicto de los colimenses ya está expresado y condenan al ex Secretario (y al Gobernador y al Fiscal, por encubridores). Desde la óptica de Juan Pueblito, no importa lo que al final diga la Fiscalía de las investigaciones que realiza, pues serán para exculpar al ex Secretario, a pesar de ser culpable.

 

El nivel de credibilidad y confianza del órgano de procuración de justicia, tiende a cero y en su actuación, hay muchos motivos para que la desaprobación a su gestión sea así. Independientemente de las experiencias que muchos colimenses tenemos de nuestro contacto con dicho órgano, las investigaciones van en una sola dirección, que apuntan al ex Secretario como víctima, y platicando una historia sin pies ni cabeza, con todos los cabos sueltos. Así que vamos navegando entre historias inverosímiles y con investigadores desprestigiados que no dan muestra de querer ganar un mínimo de confianza de los colimenses. Y la condena, por supuesto, llega hasta el gobernador Peralta. Lo sucedido en la Colonia Las Palmas describe, a decir del colimense común, el nivel moral de la cúpula del Ejecutivo Estatal. Y si el sentir general es ese, sólo la claridad y la transparencia de las investigaciones puede atemperar la negativa calificación que el colimense común les otorga a nuestras instituciones y sus cabezas. Difícil labor la de la Fiscalía y la del Gobernador (y de paso, la de la Dirección de (In)Comunicación Social. Me gustaría que nos dejaran sin palabras, pero conste, las letras que se justaron dicen, me gustaría; no creo que eso vaya a suceder.

Seguramente lo que hemos de ver ahora, es un Gobernador que siente el rechazo popular y está consciente de la desaprobación de su pueblo, que preferirá huir y encerrarse cada vez más y que, de manera creciente, dejará al garete el Gobierno que se le confirió y debe encabezar (como no bastándole el abandono que desde el inicio de su período ha hecho). Es decir, seguirá las enseñanzas de su egregio maestro Enrique Peña Nieto, finísima persona, como todos le hemos calificado.

Tal parece que los gobiernos de la tecnocracia, carecen de capacidad para entender los nuevos tiempos. Siguen con la mente en el pasado y suponiendo que nosotros también estamos comprometidos con el pasado y no con el presente y, sobre todo, con el futuro. Si antes los reprobamos, ahora lo hacemos con mayores razones y argumentos. No se ven trazas de que deseen reformarse y por ese camino van y nos llevan a ninguna parte y pasando por ninguna parte, lo cual no solo es un problema de ellos, pues juntos, vamos todos los demás y eso, no nos gusta. Así también, Don Aldo Zúñiga, mejor se fue a Talpa que presentarse con quienes resultaron perjudicados con el accidente del autobús del DIF de Comala. El que junta estas letras ha conversado con algunos de los accidentados. Sus relatos son de terror y pronto habré de compartirlos con los pocos lectores de esta columna que se angustia con lo sucedido y la falta de sensibilidad de los gobiernos locales.

Es todo. Nos encontraremos pronto. Tengan feliz semana.

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