Sabina Berman en su artículo de opinión ‘De cómo mi libertad de expresión vale más que la tuya’, publicado en El Universal el 20 de septiembre de 2020 (https://www.eluniversal.com.mx/opinion/sabina-berman/de-como-mi-libertad-de-expresion-vale-mas-que-la-tuya), se adhiere “sin reservas” al contenido del desplegado firmado el día 17 por 650 intelectuales:
“Hay que defender la libertad de expresión […] Y hay que expurgar el odio y la difamación de la conversación pública”. Nadie, “al menos sobrio y en público”, podría declararse “en contra de ello”. Pero ya su “adhesión titubea” cuando se desciende “de esas dos virtudes abstractas a nuestra vida concreta”.
Berman se pregunta “primero que nada, ¿a qué libertad de expresión se refieren los redactores del desplegado cuando dan por hecho que ha existido, sana y clara, y ahora recién está amenazada? ¿A la que reinaba hasta antes del ascenso al Poder de López Obrador? ¿La libertad de expresión del peñismo o el calderonismo? ¿Esa libertad abstracta que desaparecía en el instante mismo en que un periodista o un intelectual se refería a un acto de corrupción concreto del presidente Peña o a una de las masacres concretas y horrendas de la desquiciada guerra de Calderón?”
Recuerda Sabina que “en la redacciones de las revistas y los periódicos y en los cuartos de edición de las televisoras y la radio, había un censor cuidando que ni un trozo de esas verdades concretas se publicaran y pusieran en riesgo los millones de pesos que los medios recibían en forma de pagos para la publicidad de las instituciones del Estado. Y si un trozo se escapaba, habían despidos brutalmente humillantes, sobre todo para los directores de medios, que se enfrentaban a la realidad: vivían en un régimen con una libertad de expresión que acababa donde el Presidente en turno decidiera”.
Seamos claros, “la verdad es que el Presidente López Obrador, cuando decidió cerrar el grifo del dinero público a los medios, renunció a censurarlos. Y si el desplegado firmado por 650 intelectuales hubiera sido estricto en su compromiso con la verdad, debería haber reconocido que aquella supuesta ‘libertad de expresión’ del pasado era una libertad castrada y que ahora opera sin sujeciones”.
La dramaturga y novelista encuentra “igual de injusta” la aseveración de que “la fuente del odio, la división y la difamación que hoy empantana el espacio público viene de un solo par de labios, a decir: los del Presidente”. No olvidemos que uno de esos abajo firmantes del desplegado “ideó una fábrica de mentiras, para golpear al entonces candidato López Obrador” (Se refiere a Enrique Krauze y la casa donde se fraguó la Operación Berlín).
Sabina misma fue víctima de los “ataques furibundos y basados en medias verdades del periódico Reforma al Canal Once, porque osó modificar el 4% de su programación, inaugurando tres programas con intelectuales de izquierda”, entre ellos el de John y Sabina que conducen Ackerman y Berman.
Hubo “columnas de periódico en que se llamó al Presidente loco, enfermo, ignorante, sicópata o dictador. Apenas la semana pasada, tuve la sorpresa de leer a un intelectual neoliberal referirse a uno de los escritores más leídos y amados del idioma español como un ‘autor de medio pelo’, porque el escritor dijo algo impropio sobre un amigo del intelectual neoliberal”.
Sabina habla de Leo Zuckerman que en una columna del 15 de septiembre llamó así a Paco Ignacio Taibo II, molesto por lo que el director del Fondo de Cultura Económica dijo de Héctor Aguilar Camín, director de la revista Nexos y amigo de Zuckerman, así como del director de Letras Libres, Enrique Krauze: “más les vale que se queden en su esquinita o que vayan cambiando de país muy pronto”.
NO ESTÁ BAJO ASEDIO
¿Le gusta a Sabina Berman “que el Presidente se pelee con los intelectuales neoliberales desde el podio de las mañaneras”? ¿O que “a la Función Pública se le venga a ocurrir sancionar a la revista Nexos, en medio de este pantano de agresiones lodosas”? Incluso “que el Director del Fondo de Cultura Económica, mi amigo y admirado Paco Ignacio Taibo, ¿pierda los estribos e invite a otros escritores a irse del país”?
“No. Lo encuentro impropio. Me parece un arrepentimiento tardío y nada admirable de la 4T de su propósito de acabar con la censura. Y sobre todo me parecen medidas ineficaces: si el Presidente y sus funcionarios desean enfrentar a los críticos debieran hacerlo con la fuerza que les da gobernar: mostrar evidencias, solamente, como lo han hecho antes, no denigrar su autoridad en insultos y amagos que solo añaden lodo al lodazal de nuestra conversación pública.
“Y lo que no haré yo, es no ver los yerros de mis amigos y ver los yerros de los que no piensan como yo, agigantados. Quiero sugerir que 600 de los 650 abajo firmantes incurrieron en ese error: taparse un ojo para no ver las culpas del patriarca neoliberal de la Cultura y ponerse una lupa en el otro ojo para ver las del Presidente como inmensas. Y en el trance mandar al carajo la Verdad y la Justicia.
“Empieza el desplegado afirmando que ‘la libertad de expresión está asediada’ en México. Ciertísimo, pero no por el Presidente. La nueva libertad de expresión de la que ahora recién gozamos está asediada por la inexperiencia en su uso: por su demasiada común caída en la mentira, en el insulto y en la facilidad del maniqueísmo, que divide a la compleja realidad en bandos de santos y demonios.
“He acá una idea radical. Si queremos una libertad de expresión no asediada por la mentira y el odio, al contrario: virtuosa en la búsqueda de la Verdad y la Justicia y animada por la simpatía por el Bien Común, practiquémosla”, concluye Sabina Berman.
LOS 40 MIL SUSCRIBIENTES
En respuesta al desplegado de los 650 abajofirmantes publicado el 17 de septiembre, un grupo de ciudadanos lanzó otro documento: ‘Por la libertad, contra los privatizadores de la palabra’ (https://twitter.com/fisgonmonero/status/1308414221391220737), donde afirman que la amplia y libre difusión que ha alcanzado el primer texto niega, de manera contundente, su principal aserto: que la libertad de expresión está bajo asedio.
El documento de respuesta fue abierto a firmas a las 2 de la tarde del 18 de septiembre y, al momento de su publicación, las 9 de la mañana del día siguiente, contaba con la adhesión de más de 28 mil ciudadanos según la página donde se difunde. El caricaturista Rafael Barajas El Fisgón cerró la cifra en 40 mil personas, en un corte a las 9 y media de la mañana del 22 de septiembre.
De acuerdo al resumen que hicieron Los Periodistas (Álvaro Delgado y Alejandro Páez Varela) previo a la conversación que tuvieron con Barajas el lunes 21 de septiembre (https://www.youtube.com/watch?v=cjJnIc2HxC4), el documento en respuesta asegura que:
“En los más de 21 meses transcurridos desde el 1 de diciembre de 2018, nadie ha sido presionado al silencio por el Ejecutivo Federal, ningún informador u opinador ha sido hostigado, despedido, procesado, torturado, desaparecido o asesinado por consigna de la Presidencia, y el debate público está más vivo y vibrante que nunca en la historia moderna del país.
“Lo que es claro es que los firmantes querrían suprimir ese debate, amordazar al Presidente y restaurar el monólogo y la verdad única que imperó hasta hace dos años bajo el corrupto régimen neoliberal y el aparato mediático oligárquico en el que muchos de los firmantes aparecían como amos y señores del pensamiento, el análisis y la crítica, y que imponía un monólogo legitimador de saqueos, violencia de Estado, corrupción, frivolidad y desaseo electoral”.
Y concluye: “Ante quienes operaron como privatizadores de la palabra, celebramos y defendemos con toda convicción la irrestricta libertad de expresión y el estado de derecho que el Ejecutivo federal impulsa en el país […]. Que los firmantes del texto comentado hablen con plena libertad y que no pretendan callar a nadie. Su abusivo monopolio de la opinión pública ya terminó y no volverá nunca”.
Partes de ambos documentos, por cierto, se leyeron ese mismo día en la conferencia de prensa matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador.
AMENAZAS A LA LIBERTAD
Para El Fisgón, “está cambiando tanto la forma en que la gente se informa como el régimen. Y eso implica un cambio en los aparatos de comunicación en el país. Hasta hace apenas unos años, el grueso de los mexicanos no creía en Televisa pero veían sus noticieros. Hoy es muy poco el espectro que los sigue viendo”.
Sin duda, “una nueva tecnología cambia radicalmente a la sociedad. Así como en la década de los cincuenta la televisión desplazó a la prensa, en la década de 2010 el internet y las redes sociales están desbancando a la televisión. Prueba de ello es este programa Los Periodistas, que hubiera sido absolutamente inconcebible hace 15 o 10 años”.
Para Barajas, “es muy interesante el debate que se ha suscitado alrededor del tema de la libertad” porque uno de los responsables de la publicación del manifiesto de los 650, el historiador Francisco Valdés Ugalde, plantea entre otras cosas que Andrés Manuel tiene una personalidad intolerante y un talante autoritario, contrarios a la democracia. Sin embargo, al someterse todos los días a preguntas abiertas, el mandatario “contradice totalmente esta afirmación”.
“En su sentido profundo, el documento de los 650 busca precisamente que el Presidente deje de darles lata, que no conteste, que se restrinja y limite lo que quiere decir. Pero la libertad de expresión implica que todo el mundo tiene derecho a usarla, inclusive el mandatario. Sobre todo cuando es una gente que se expone con esta frecuencia al escrutinio público.
“Estos grupos se quejan de la voz que tiene el mandatario porque ha abierto sus conferencias mañaneras y, con ellas, marca la agenda nacional que era, justamente, un monopolio de estos grandes consorcios mediáticos que dominaban el espectro televisivo y radiofónico.
“Quien se está excediendo en materia de libertad de expresión no es el presidente. Es un despropósito que un comunicador se queje porque alguien se excede en materia de libertad de expresión. Lo que violenta la libertad de expresión son los ejercicios de mentiras que, de repente, han ido proliferando en las redes sociales.
“En nuestro país tenemos muy pocos antecedentes de un cambio de régimen y un cambio en el modelo de comunicación. El único referente es lo que ocurrió con Francisco I. Madero entre 1911 y 1913. Y de ahí podemos sacar lecciones importantes. El presidente sí conoce este periodo, pero Bartra y Valdés ni siquiera mencionan en su desplegado estos paralelos históricos”.
Lo que sí atenta contra la libertad de expresión, sostiene Barajas, son dos cosas:
“Primero, la prensa dominante estaba hasta hace unos años básicamente regida por el poder del dinero. En la era neoliberal, la riqueza se concentró en unas cuantas manos y uno de los grandes negocios de ese periodo fueron los consorcios mediáticos, precisamente porque definían la agenda y permitían controlar a la población.
“El problema ético de fondo es que, en principio, la prensa o la información tiene que lidiar con la verdad y eso implica que tiene que tener un compromiso ético. Ryszard Kapuscinski lo expuso con toda claridad, al decir: cuando los medios se dieron cuenta que la información vendía, la verdad dejó de ser importante. Esta es la primera gran amenaza que encontramos a la libertad de expresión en estos días ,y viene justamente de los grandes consorcios.
“La otra amenaza es que están proliferando estrategias psicológicas de control de la población, que implican entre otras cosas la lluvia de mentiras”, resume El Fisgón.
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