MECANISMO FALLIDO

Es complicado ser periodista en México, advierte el podcaster Santiago Camacho a la audiencia de su emisión Días Extraños en la plataforma iVoox de España, donde entrevistó al especialista en redes sociales, comunicación digital y seguridad en internet mexicano Alberto Escorcia.

Por la manera en que se ha descrito la situación en medios internacionales, México parece un Estado fallido. Pero si hay un gobierno legitimado en la elección de 2018, ¿no debería implementar la administración de López Obrador medidas para atajar los asesinatos de periodistas?

El problema viene de antaño, explica Escorcia, y lo que ha hecho López Obrador es fortalecer el Mecanismo de Protección a Periodistas y Defensores de Derechos Humanos, creado “después de una marcha que hicimos en 2010”.

En la emisión del 24 de mayo de 2022 de Días Extraños (https://www.ivoox.com/tragedia-del-periodismo-mexico-alberto-audios-mp3_rf_87522806_1.html), Escorcia señala que el problema es que el protocolo de protección solamente contempla poner una patrulla de policía fuera de la casa del periodista o activista protegido y una reja de acero en la puerta. “Pero son insuficientes: como con otras personas, entraron a mi casa aun estando los policías afuera, con todo y puerta de acero.”

Ese no es el único problema. También está la indolencia del Estado. “El presidente López Obrador y el encargado de comunicación de la Presidencia de la República [Jesús Ramírez Cuevas] dijeron recientemente, con relación a dos de los asesinatos que las víctimas no eran periodistas sino personas que ponían información en su página de Facebook. Como sólo por eso no se les podía considerar asesinatos de periodistas, la cuenta de 13 bajaba a 11 homicidios este año. Es vergonzante que, simplemente para maquillar las cifras”, se recurra a esta retórica.

GUERRA CIVIL

La verdad, apunta Escorcia, es que el gobierno hace mucho que no tiene el control del país. Y esa situación viene desde el sexenio de Vicente Fox. El narcotráfico domina vastas regiones del interior del país. En el occidente mandan grupos delincuenciales de derecha, mientras en el Golfo de México son de izquierda.

“Estamos, entonces, en medio de una guerra civil no reconocida, donde literalmente se disputan ciudades mediante enfrentamientos. Las únicas zonas donde hay Estado es la Ciudad de México y las áreas metropolitanas de Guadalajara y Monterrey. A ese paso, México va a terminar como Chechenia o Afganistán. Ya es una bomba a punto de explotar. Y ahora con la inflación en los precios de los alimentos, ha aumentado la violencia y la delincuencia sin que el gobierno pueda recuperar el control.”

Para Escorcia, no se puede ocultar que algunos miembros del ejército han trabajado para los narcotraficantes. Muchos periodistas fueron asesinados justamente por denunciar “el implicamiento de militares, por ejemplo, en la desaparición de los muchachos de Ayotzinapa”.

“El tema de la trata de personas es un problema lacerante e hiriente en México. Hablar de eso es casi prohibido, pero lo más peligroso es hablar de la minería de uranio y de oro. Muchos de los asesinatos han sido contra personas de la sierra de Guerrero o Oaxaca que denunciaron la minería ilegal.

“La ciudad de México es un país de primer mundo, pero saliendo de la capital entras al inframundo, un territorio donde muchas veces no tiene control el Estado ni puede siquiera garantizar su propia seguridad. Recientemente, al presidente lo detuvieron en un retén de narcotraficantes. Está documentado que lo dejaron pasar porque era López Obrador. Así está México, no se puede garantizar la seguridad de nadie.”

ES EL PRETEXTO

En Europa, dice Santiago Camacho, se tiene la idea de que el gran causante de la inseguridad de los periodistas en México es el narcotráfico. Pero, por lo que cuenta Alberto Escorcia, no está tan claro el panorama.

“El narco es el pretexto –señala el entrevistado–. El caso de Javier Valdez, un periodista a quien mataron sicarios cerca del semanario donde publicaba, fue cerrado con la versión de que lo mandó asesinar un grupo rival del Chapo. Pero Valdez también tenía como enemigos al alcalde [de Culiacán] y a otras gentes del gobierno [de Sinaloa].

“Es muy probable que asesinatos políticos sean disfrazados de homicidios cometidos por narcotraficantes. Pero, además, en diversos lugares del interior del país no existe la división entre gobierno y narco. Son narcogobiernos. Fue el caso de Iguala, Guerrero [en el contexto de la desaparición de los 43 normalistas el sexenio pasado], donde una banda criminal estaba metida hasta la médula en el gobierno municipal.”

A la impunidad en la que quedan la mayoría de los asesinatos, hay que sumar la criminalización y revictimización de los periodistas asesinados: al asegurar que en algo malo andaban, que fue por estar reportando lo que no debían, le echan la culpa al periodista de su propia muerte.

LA OTRA RUSIA

“La cultura mexicana es muy parecida a la rusa. Con mi colega Peter Pomerantsev, autor de Esto no es propaganda, durante una de sus visitas a México comparamos las similitudes históricas: ambos países salimos de una dictadura de 80 años que comenzó, precisamente, con una revolución en la segunda década del siglo XX.

“Otra cosa que tenemos en común es que, en ninguno de los dos países, se puede criticar la cultura nacional. Tanto en el ámbito familiar como en la vida pública, te censuran si criticas alguna costumbre local. Es una suerte de mueganismo (el muégano es un dulce regional).”

Por lo demás, “decir la verdad en México es muy peligroso. Aquí nunca se dicen las cosas claras, siempre hay que interpretar el mensaje. No ser directos es una forma de evadir la realidad, y vivimos una eterna simulación. En México es muy común el doble lenguaje: ‘nos vemos mañana no es una cita formal para el día siguiente’. Por una cultura de la supervivencia, las cosas no pueden ser directas hasta que el interlocutor se gana tu confianza”.

“Para un periodista, señalar que hay niños trabajando en las minas de uranio es ultra peligroso. A veces no es siquiera el dueño de la mina quien mata al periodista, sino los trabajadores. Son pobres contra pobres, y eso es lo más triste que pueda existir”, deplora Escorcia.

EL CONFESIONARIO

El periodista en México muchas veces se juega la vida al hacer periodismo de sucesos, al investigar sobre el narco o sobre la corrupción política, reconoce Camacho. Pero México es un campo minado donde puedes meterte en problemas al abordar con toda la inocencia, como le sucedió a Alberto Escorcia, un tema importante y trascendental que en ninguna otra parte del mundo es peligroso, como son las granjas de bots y el uso de trolls en las redes sociales.

“Justamente, un campo minado lo consideraba mi compañera catalana que descubrió el uso de bots en Twitter al servicio de Peña Nieto –coincide Escorcia–. Como extranjera, ella notaba cosas que para mí eran naturales, como que en un restaurante todos los meseros son morenos y, los comensales, blancos.

“En México suceden cosas que los españoles no entienden. Por ejemplo, no puedes confiar en la policía porque los uniformados te extorsionan o, incluso, te asaltan como me ocurrió en dos ocasiones. Por eso, al investigar un asunto hay que ser muy precavido. No sabes si tu fuente te está diciendo la verdad o si es un informante del narco. A un compañero periodista lo mataron porque uno de sus informantes ‘le puso el dedo’ (una expresión muy mexicana).

“En el periodismo de investigación tenemos a dos mujeres muy valientes: Lydia Cacho y Anabel Hernández. Cacho reveló el negocio de la prostitución infantil, un problema horrible tan grave como en Tailandia. Y, Hernández, el de los señores del narco. No dejaron de investigar pese a que, por sus trabajos, tuvieron que dejar el país. Y es que meterte con la podredumbre de esa parte de la sociedad mexicana, es muy peligroso.

“Como a Anabel que recibió su información directamente de narcotraficantes que sentían la necesidad de confesarse, entre ellos el hijo del Mayo, a mí también me pasó que los jefes de bandas de trolls me buscaran porque tenían la necesidad de contarme cómo funcionaban sus empresas y cómo manejaban el dinero.

“Quizá quieren que se les reconozca su labor, es tenebrosa la forma como piensan. Conmigo querían mostrar que ellos controlan el internet, que pueden poner presidentes. Y en lo que coincidían los jefes de bandas como Ruido Explícito, los Chochos y el grupo Sambuca, era en decir que ellos dominaban Twitter en México, que eran los reyes de la red.

“Era tanta su necesidad de ser reconocidos como mejores que los otros grupos de troles con los que competían, que terminaron confesándolo todo. Obviamente, como periodista tuve que dar a conocer eso porque es de interés público, y no soy confesionario de ningún delincuente. Pero ellos sabían que iba a publicarlo y que, de ese modo, se iba a acabar su negocio. Sus empresas desaparecieron luego que el esquema se descubió en un reportaje de BuzzFeed.”

ACTIVISTAS FEMINISTAS

Los periodistas no son el único colectivo que sufre amenazas, presiones, extorsiones y asesinatos en México, advierte Escorcia a pregunta directa de Santiago Camacho.

“Las activistas feministas también son acosadas. En una cultura tan conservadora y machista como la mexicana, muchas de las activistas feministas tienen órdenes de aprehensión por actos tales como haber ocupado una casa [se refiere probablemente a la sede de la Comisión Nacional de Derechos Humanos]. Hicieron un okupa como se le conoce en España, y las desalojaron con una violencia impresionante. Eso no se ve por ejemplo cuando incautan la casa de un narcotraficante o un domicilio donde venden drogas.

“Las que sufren más en México son las mujeres periodistas y las mujeres activistas. A las conferencias matutinas del presidente ya dejaron de ir muchas reporteras, porque el ejército de troles que defiende a López Obrador se encarga de investigar en internet quiénes son sus novios o sus familiares y se va contra ellos, simplemente, porque la reportera le preguntó algo incómodo al presidente. Aquí la que sufre más es la mujer pobre activista o la mujer pobre periodista.”

APRENDAN DE NOSOTROS

¿Esto tiene solución, tiene arreglo?, pregunta desalentado Camacho.

“Sí. Descubrí, junto con Javier Toret, un experto en redes que vive en Barcelona, que no importa el número de troles cuando la gente son más que los troles. Así se les da la vuelta. Tenemos como caso histórico el trending topic #YaMeCansé. Peña Nieto usó toda su fuerza de troles en Sudamérica para acallar las protestas, pero estuvimos manifestándonos en las calles durante 100 días.”

El poder digital “tiene límites, porque los bots no tienen una motivación ni una convicción. Son mercenarios y traicioneros, hay muchos troles que terminan pasándose al otro bando y acaban por denunciar a su anterior empleador”.

“Entre las soluciones figura que Twitter, por ejemplo, sea transparente. Ellos se dan cuenta en tiempo real cuándo se crean y empiezan a operar estas granjas de bots. Para transparentar el tema de los trending topics en México, convendría que se le pague mejor a los periodistas porque muchos troles son estudiantes de comunicación. Y para solucionarlo en el mundo, basta recordar que las tendencias son hechas con tuits repetidos: si les ponen una etiqueta señalando que no es una tendencia orgánica, ayudaría mucho a solucionar un problema que ya es grande.

“Insisto, lo que pasó en México hace 10 años está pasando en el mundo. Aprendan de nosotros, que valga la pena tantos asesinados por decir la verdad. Ahora, tampoco se queden con la idea de que México es un lugar macabro. Es un país lleno de vida, con mucha cultura. Pero, lamentablemente, estamos en un momento muy oscuro de la historia.”

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

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