Criticar al presidente polariza tanto las opiniones que hasta los simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador que siguen Momentum porque lo consideran un espacio proclive a la 4T, pueden llegar a sentirse defraudados por una crítica y pensar que el noticiero que producen Pie de Página y Rompeviento TV ya se derechizó.
Lo dice Alberto Nájar –conductor de Momentum junto a Ernesto Ledesma– al conversar en la emisión del 14 de junio de 2022 (https://www.youtube.com/watch?v=qw3kW_YyvZo) con Ingrid Urgelles Latorre y Elisa Godínez Pérez, dos de las integrantes habituales de ‘la mesa de las nerds’, sobre los alcances del intercambio de descalificaciones que se dio entre AMLO y Carmen Aristegui luego que la periodista diera voz a su colega Anabel Hernández y al ex candidato presidencial Francisco Labastida, entre otros políticos que han venido sosteniendo como narrativa que López Obrador tiene un pacto con los carteles de la droga.
Para Nájar, decir que Carmen está involucionando, es una descalificación personal por parte del jefe del poder ejecutivo. El mandatario tiene derecho de réplica, pero debe ser muy prudente. En un contexto tan polarizado un comentario de esa naturaleza se puede traducir en una agresión física, no solamente verbal. López Obrador debe cuidar mucho las palabras al referirse a un periodista.
Más preocupa a Nájar esta aparente pretensión de prohibir la decisión editorial de entrevistar o no a un personaje, de darle más o menos espacio, de hacerle o no preguntas cómodas. Eso entrañaría, considera, un cierto riesgo para la esencia misma de la libertad de prensa: precisamente, la libertad editorial.
Lo mismo vale para aquellos espacios que abren sus micrófonos a personajes afines a la 4T, y con quienes son muy suavecitos. Hay que defender, como principio básico, el respeto a cabalidad y profundidad no sólo de la libertad para escribir y hablar, sino también para preguntar lo que el periodista quiera.
EL DEBATE ES SANO:
Tras celebrar “que podamos hablar [en mesas como la de las nerds] con toda libertad”, Elisa Godínez disiente de Nájar: “No creo que esté en el ánimo o en la intención del presidente la posibilidad de prohibir a los medios entrevistar o dar voz a quien sea”.
“Este es un momento político, con una figura al frente del nuevo régimen que tiene ciertas características en su actuar. No lo justifico, pero Andrés Manuel López Obrador no es una personalidad diplomática. Ha sido siempre alguien que confronta, ahora como presidente a la oposición y a la prensa. Es confrontativo, nos guste o no. Pero, insisto, una confrontación directa y abierta es saludable, es señal de una vida democrática sana. Me preocuparía que no hubiera un clima propicio para decirnos lo que sea.
“No es cosa menor y podría parecer una obviedad, pero López Obrador es la figura política en la historia del México moderno que más ataques de todo tipo ha recibido. Se le puede tildar de tener poco tacto, de no ser diplomático y hasta de exceso en sus declaraciones, pero no de usar su poder para acallar o confrontarse con sus críticos. Ha permitido plenamente la crítica. No recuerdo otro momento en que se le haya dicho de todo al presidente.
“Discutir y debatir con el poder es tan válido como debatir y discutir con el periodismo. Son arenas diferentes y no es equiparable el poder de Carmen Aristegui con el del presidente, pero ambos son figuras de poder. Es conveniente la discusión entre ellos, no es antidemocrática.
“Ahora, no creo que este clima de confrontación o de constante discusión y debate esté generando una mayor polarización o que esto pudiera escalar a una situación más violenta. A lo largo de los años el movimiento de López Obrador ha sido pacífico, y ese espíritu sigue estando allí. Él siempre dice que su movimiento no rompió un solo vidrio y, pese a todo lo que podamos discutir y lo que se diga en las redes, la mayor parte de la gente del movimiento es pacífica, Alguno habrá que cometa excesos, pero nunca será un exceso que implique una escalada de violencia.
“Eso sí, hay que demandarle a la 4T (como se le debe demandar a cualquier gobierno) la protección a periodistas y la atención a los casos de periodistas violentados o asesinados para que no queden en la impunidad. Y hay que hacerle saber al poder esta demanda cada que se pueda. Pero yo no voy a hacer eco de ese discurso que han construido desde el Parlamento Europeo y ahora también desde el Congreso de los Estados Unidos, en el sentido de que la situación de la prensa mexicana está asociada directamente a la manera en que López Obrador azuza a los periodistas”, dice la politóloga por la UNAM y doctora en Ciencias Antropológicas por la UAM-Iztapalapa.
CARMEN ES DE DERECHA
En el intercambio de reproches que el presidente Andrés Manuel López Obrador y la periodista Carmen Aristegui se hicieron, repasa Ernesto Ledesma, hay dos planos: el de la forma y el del contenido del ataque.
De entrada, vale decir que es un ataque recíproco y personal. Carmen ha lanzado ya varios en contra del presidente. En el primer ataque, reprodujo un reportaje sobre los hijos mayores del presidente que emprendieron el negocio de los chocolates Rocío. Después hizo suyo el reportaje de Mexicanos contra la Corrupción sobre la casa gris en Houston. Se metió con José Ramón López Beltrán, pero en la cobertura resultó también afectado el hijo menor de edad por la publicación de ciertas imágenes.
Hace unos días, sendas entrevistas de Aristegui constituyeron otra serie de ataques a López Obrador. Carmen conversó con Francisco Labastida Ochoa, un político que no necesariamente está en auge, y le dedicó una hora diez minutos de un programa que siempre está apretado de tiempo. Con frecuencia Aristegui tiene que acortar la mesa de Fabrizio Mejía Madrid, Lorenzo Meyer y Ana Lilia Pérez, para irritación de sus radioescuchas. También entrevistó a Roberto Madrazo y a Porfirio Muñoz Ledo, en coincidencia con una cascada de ataques desde otros medios que seguían el mismo eje temático: el supuesto narco-gobierno de López Obrador.
Conociendo al presidente, sostiene Ledesma, es un agravio no menor que le digan narco. Lo entiende si lo dice Loret de Mola, pero no lo acepta si es Carmen, a quien a lo largo de los años le dio muchas entrevistas. Andrés Manuel nunca había sido hostil con Aristegui, lo empezó a ser cuando la ubicó como una periodista de oposición.
¿Es Aristegui una periodista de oposición a López Obrador? ¿Tiene una línea política de derecha o es izquierda? ¿Qué tan importante es la periodista que apareció en la portada de Forbes (número junio-julio de 2015) en el ranking de las cien mujeres más poderosas del mundo?
Aunque no es comparable el poder de un presidente con el de una periodista, tiene una naturaleza distinta la discusión cuando López Obrador no llama al dueño de la emisora para que corran a un periodista, como le pasó a Carmen y a los titulares de varios programas en sexenios anteriores.
No hay censura cuando lo que hace el presidente es boxear. Andrés Manuel es un boxeador, no un diplomático. Y habla Ledesma de un presidente que ha sido hostil hasta con Rompeviento TV, al grado que el conductor está vetado en la mañanera: “No puedo hacer preguntas; puedo entrar, pero no me dan la palabra”.
Con ese nivel de hostilidad y dureza, AMLO le respondió a una periodista a quien en algún tiempo le tuvo confianza, pero cuya actual línea editorial se inclina hacia la derecha, incluidas las otras mesas políticas que no son la de izquierda con Meyer, Pérez y Mejía. No hay una mesa equilibrada: una es de izquierda, todas las demás son de derecha. Por eso el presidente siente que Carmen ya está en la oposición. ¿Eso le da derecho a decir que Aristegui está involucionando? No. Fue un agravio personal.
Finalmente, hay que decir que frente al ataque furtivo de la casi totalidad de medios corporativos (desde los impresos a los radiofónicos, pasando por los digitales), la única herramienta comunicacional que tiene el presidente López Obrador es la mañanera, resume Ledesma.
LA AGENDA PAÍS
Ingrid Urgelles, abogada, maestra en Letras y doctorante en Literatura por la Pontificia Universidad Católica de Chile, llama al equilibrio:
“El país está polarizado porque, orgánicamente, el proceso histórico nos lleva a una polarización. Hay un régimen anterior todavía por derrocar, y me parece bien lo que ha hecho el presidente con la mañanera: no sólo poner la agenda sino ir desmintiendo a los medios de comunicación hegemónicos que antes estuvieron con el poder político.
“Estoy a favor de ‘Quién es quién en las mentiras de la semana’. No me gusta cómo se ejecuta, pero sí el fondo: desmentir aquellas noticias que no tienen un sustento real. El periodismo corporativo ha hecho un gran daño. En Chile he sufrido personalmente a este periodismo golpeador que siempre ha estado con los poderes, las empresas y los dueños de los medios de producción.
“Este tipo de discusiones centradas en Carmen Aristegui como persona y como figura periodística, no es lo que deberíamos estar conversando como agenda-país. No es un debate positivo en la medida que lleva a Carmen a enojarse y a contestar también de una manera personal. No es inteligente esta manera que tiene el presidente de ejecutar el derecho de réplica.
“Tampoco estoy de acuerdo con su esquema binario: el presidente tiene amigos o enemigos. ‘Si no estás conmigo, necesariamente estás contra mí. Y estás contra mí porque eres un facho, eres Carlos Loret. En cambio, si estás conmigo debes hacerme preguntas cómodas en la mañanera’.
“Esta simplificación no funciona, es una mala estrategia. Carmen Aristegui no es Loret, pero López Obrador cae en esa narrativa: ‘Si me golpea, Carmen ya es Loret, una golpeadora al servicio de Claudio X. González’. Hay niveles, detalles y no todo es tan simple como suponer que Mexicanos contra la Corrupción está financiando a Aristegui.
“Yo apelo a un equilibrio: desmentir las noticias falsas, por supuesto, pero sin caer en este maniqueísmo de amigo o enemigo para acabar elaborando una lista negra de a quién no dar entrevistas.
“Carmen ha cometido muchos errores, pero no sé si intencionalmente. Si los sigue repitiendo, podríamos dar por hecho que efectivamente su postura es de derecha. ¿Y qué tal que sólo esté enojada con el presidente?”
EL BUEN PERIODISMO
Aunque la violencia siempre ha estado en otro lado, no en el movimiento de López Obrador, para Nájar el poder no debe generar una reacción que luego no pueda controlar.
Ese esquema binario de amigo-enemigo se traduce en la idea que, si un periodista entrevista a Labastida o a Madrazo, automáticamente se convierte en enemigo. En nada ayuda tampoco la concepción que tiene el presidente del buen periodismo como aquel que ejercieron militantes. Sus referentes históricos son periodistas que formaron parte del movimiento liberal en el siglo XIX o del revolucionario en el XX, aunque no hayan cumplido con los estándares del periodismo. Eran militantes que escribían en los periódicos; opinaban, pero no hacían reportajes.
Es riesgoso asumir que, para López Obrador, buen periodista es el que participa en el movimiento que él encabeza. Porque así no funciona la democracia. Son necesarios los equilibrios, los contrapesos.
El presidente López Obrador no censura, dice Nájar a quien le tocó la época de Calderón cuyo gobierno hizo lo que pudo para que lo corrieran de la BBC. No lo consiguió, pero la orden fue dada. Como presidente aldeano, pensaba que estaba hablando con Milenio o con El Universal.
López Obrador no es así, y justamente por eso tiene que cuidar lo que está haciendo. No puede caer en esta simplificación binaria y, mucho menos, asumir que buen periodista es aquel que habla bien de él o que milita en su movimiento político, resume Nájar.
RECONOCER POSICIONES:
A Elisa Godínez tampoco le convence este esquema tan básico de amigo-enemigo, pero en cuanto a la tesis de que los referentes históricos del buen periodismo del presidente son los del periodismo militante, no está de acuerdo:
“Lo que el presidente intenta decir, más bien, es que no nos engañemos: todos tenemos posiciones y es mejor decir abiertamente cuál es la nuestra. López Obrador trata de hacer una crítica, ciertamente fallida, de quienes se presentan como imparciales, objetivos y desinteresados, cuando en realidad obedecen a ciertos intereses y tienen una determinada posición.
“Incluso, decir que no se tiene posición ya es una posición. No existe la neutralidad, y serviría más pensar el periodismo desde esa perspectiva que desde la óptica de una confrontación básica.”
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