COMICIOS Y FAKE NEWS

Las fake news rebrotaron con más fuerza y a mayor velocidad en el marco de los comicios legislativos del martes en Estados Unidos.

Tal como lo resaltó Rosario G. Robles en un artículo de opinión publicado en El País la víspera del proceso legislativo, ‘Rebrotan las noticias falsas’ (https://elpais.com/elpais/2018/11/05/opinion/1541431736_885872.html), un nuevo estudio del Oxford Internet Institute reveló “cómo Facebook y Twitter siguen permitiendo comentarios extremistas, sensacionalistas y conspirativos, trufados con informaciones de mala calidad”.

Como nos recuerda la periodista española, “los editores del Diccionario de Oxford eligieron en 2017 la combinación fake news (noticias falsas) como palabra del año”. En 2016 la expresión seleccionada había sido post-truth (posverdad). Y lo curioso es que “ambas forman parte de un mismo concepto, porque no hay noticias falsas sin mentiras. Suponen, al alimón, el desprecio a los hechos objetivos y la exaltación de los hechos alternativos, y su caldo de cultivo es la política”.

La competencia política influyó decisivamente en la selección de esos vocablos. Los lexicólogos de Oxford “comprobaron que tanto el Brexit como las elecciones que dieron la victoria a Donald Trump contribuyeron a la expansión de la desinformación de forma deliberada y bien calibrada”.

El estudio levantado en el marco de las elecciones intermedias, analizó 2.5 millones de tuits y 6,986 páginas de Facebook durante un mes “para llegar a la conclusión de que menos del 5% de las fuentes de referencia en redes sociales provenían de instituciones oficiales, expertos o de los candidatos”.

Para Robles, “no deja de ser inquietante que los usuarios compartan las noticias basura con más fruición que las informaciones periodísticas verificadas y contrastadas. Los expertos han observado también que los mensajes bazofia no se concentran solo en los foros de apoyo a Trump, sino que se extienden a comunidades conservadoras convencionales”.

En palabras de la analista de medios, “este salto cuantitativo y cualitativo pone de manifiesto que las solemnes promesas de Zuckerberg para extirpar de la poderosa red social las fake news o bien son mera cosmética o el intento ha resultado estéril. Facebook no ha tardado en descalificar aspectos de la investigación y en invocar la libertad de expresión para defender la circulación de contenidos en su canal de comunicación”.

Y cita a Samantha Bradshaw, experta en el fenómeno de la desinformación, quien advirtió que “la relación entre democracia y redes sociales es un problema sistemático. Pero en lugar de atajarlo, solo se aplican parches. De continuar así, los algoritmos podrán seguir moldeando la realidad social hasta alcanzar su objetivo: modificar la conciencia de los ciudadanos”.

ASÍ GANÓ BOLSONARO

Aunque a los republicanos no les permitieron conservar la mayoría en la Cámara de Representantes de Estados Unidos, las noticias falsas habrían sido el factor que permitieron el triunfo del ultraderechista Jair Bolsonaro en las elecciones presidenciales de Brasil.

Así lo adelantó Alfonso Benítez, corresponsal de El País, en una nota fechada en Brasilea el 2 de octubre: ‘La máquina de las ‘fake news’ trabaja a favor de Bolsonaro en Brasil’ (https://elpais.com/internacional/2018/09/26/actualidad/1537997311_859341.html?rel=str_articulo#1541559027729).

En el pasado, una candidatura como la del abanderado del Partido Social Liberal no hubiera despegado “sin publicidad en televisión o sin el apoyo de un partido grande”. Pero Bolsonaro tenía una fortaleza: las redes sociales y, en concreto, WhatsApp, donde las fake news “viajan sin ningún control”.

El presidente electo dispuso de “apenas ocho segundos en televisión”, pero ya lideraba todas las encuestas en la primera vuelta, con un 31% de preferencias, gracias a su estrategia en WhatsApp. Todo porque “más de 120 millones de personas —seis de cada 10 brasileños— usan esta aplicación de mensajería instantánea”.

Los voluntarios y asesores en la campaña de este capitán del Ejército en reserva decidieron, desde el primer día, “explorar su poder y capacidad para hacer llegar sus mensajes a los potenciales votantes”.

A través de los grupos que se abrieron en WhatsApp a favor de Bolsonaro, se difundieron “mentiras camufladas como noticias, vídeos que intentan desmentir publicaciones negativas de la prensa, mensajes de desconfianza hacia las encuestas y hacia el sistema electoral, y hasta falsos apoyos de famosos. Una máquina bien engrasada de fake news detrás de la cual están miles de voluntarios y simpatizantes”.

La propia campaña de Bolsonaro distribuyó informaciones falsas sin pudor. El hijo del candidato usó su cuenta de Twittter para publicar una información falsa que aseguraba que los códigos de las urnas electrónicas brasileñas habían sido enviados a Venezuela. Y “también noticias que jamás se produjeron para difamar a las movilizaciones de mujeres contra su padre”. Quienes se encargaron de diseminar los mensajes fueron los grupos de WhatsApp.

LA GUERRA VIRTUAL

El País analizó los mensajes de tres de esos grupos —en total publicaban una media de más de mil mensajes al día— y en dos de ellos la presencia de fake news era más evidente que en el otro, pero en todos los mensajes “trataban de combatir a los ‘grandes medios tendenciosos’, un arma que ya utilizó Donald Trump antes, durante y después de su campaña electoral”.

En una encuesta al filo de la primera vuelta, el 40% de quienes declaraban que votarían por Bolsonaro confesaron que distribuían “material político del candidato de extrema derecha a través de esta aplicación”. El porcentaje se reducía a apenas el 22% cuando se les preguntaba a los seguidores de Fernando Haddad, sucesor del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva como cabeza del Partido de los Trabajadores (PT), y quien iba segundo en las encuestas (con 21%).

“Además de la guerra entre los partidos, estas elecciones estarán marcadas por la guerra virtual. Una guerra entre los grandes medios tendenciosos y las redes sociales donde hay de todo, pero es más democrática y está mostrándose más poderosa”, dijo a El País Carlos Nacli, un brasileño que vive en Portugal pero desde ahí manejó casi 50 grupos en WhatsApp para la campaña de Bolsonaro.

VERDADES Y MENTIRAS

Durante la semana en la que el diario madrileño analizó esos tres grupos de WhatsApp, “hubo un ejemplo clásico de cómo funciona esa ‘guerra’ en la aplicación. Dos de los grandes medios brasileños, el diario Folha de S. Paulo y la revista Veja, revelaron los datos del agitado divorcio de Bolsonaro años atrás. Varios documentos judiciales publicados en Veja constataban, por ejemplo, que su exesposa y… [no obstante] aliada electoral, le había acusado, en 2008, de robarle un millón de reales (unos 254,000 dólares). Bolsonaro, según dijo su exmujer, no había hecho públicos ante las autoridades todos sus bienes cuando presentó su candidatura a diputado.

Para frenar esta información, los grupos a favor de Bolsonaro usaron como antídoto un video divulgado por la periodista Joice Hasselmann, candidata a diputada federal por el mismo partido que Bolsonaro en São Paulo, “en el que decía que una ‘fuente confiable’ le había dicho que un medio de comunicación iba a ganar 600 millones de reales por dañar la candidatura del ultraconservador. Aunque Hasselmann no presentase prueba alguna, la noticia se propagó en Facebook mucho más que las propias publicaciones de la prensa brasileña”.

Más allá de los grupos privados, por lo menos otros 100 grupos públicos sirvieron de apoyo al diputado ultraconservador. 37 de ellos fueron monitoreados por el proyecto Eleição sem Fake (Elecciones sin Fake), una iniciativa vinculada a la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG) para combatir las noticias falsas.

«Bolsonaro monopoliza los debates en la mayor parte de los grupos públicos», observó Fabrício Benevenuto, de la UFMG. Las fake news eran rastreadas y luego verificadas por un conjunto de medios. «La comprobación de datos es el trabajo más noble para contener las fake news, pero en realidad se realiza cuando el daño ya está hecho y quizás sea irreversible», lamentó el académico.

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