El buen periodismo

El portal español Quora, el sitio de preguntas en el que las respuestas son colectivas, lanzó hace un par de años la interrogante: ¿Qué conlleva el buen periodismo?

El primero en responder fue Gabriel González, un periodista madrileño con más de 20 años de experiencia en diversos medios y un máster en la materia:

“Hoy en día sería el que respeta las reglas básicas del periodismo:

1) Ofrece información veraz gracias a que ha contrastado los datos. En caso de no poder contrastarlos, así lo especifica.

2) Ofrece información fiable, al atribuir las fuentes de las que procede la información, evitando el ocultarlas bajo fórmulas como: “fuentes bien informadas” o “fuentes de toda solvencia”.

3) No discurre siempre por los canales oficiales (gabinetes de prensa/comunicación) si no que busca sus propios recursos para acceder a la información.

4) Es honesto con el destinatario de sus informaciones y en caso de no poder haber obtenido una información, así lo dice.

5) Elude las trampas que el poder tiende para que la información se ponga a su servicio. Incluyendo las prebendas y el compadreo.

6) No desvía la atención pública hacia temas accesorios y/o anecdóticos, dando notoriedad a la parte más relevante de la información.

Pero sobre todas las cosas, es aquel que es capaz de ponerse, en cualquier momento, en el papel de las personas que son las destinatarias de la información y, en concreto, en sus intereses”, escribió González el 6 de octubre de 2016.

El derecho a saber

Para Mauricio-José Schwarz, “si definimos periodismo como la actividad de búsqueda, filtrado y transmisión de la información que hace efectivo el derecho de la gente a saber, el “buen periodismo” es aquel que cumple esa función. Es decir, no sólo aporta información de manera comprensible, clara, completa y tan ajustada a la verdad como sea posible, sino que evita la desinformación, la manipulación, la distorsión de los hechos por cualquier motivo político, económico, publicitario o de conveniencia ideológica.

“Así que el buen periodismo incluiría, para empezar, el juramento clásico: la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad… hasta donde se puede razonablemente saber.

“Excluiríamos el periodismo de opinión, pero sólo hasta cierto punto. El buen periodismo de opinión expone más que intentar convencer, opina sobre datos que comparte con el lector para que éste parta de la misma base que el periodista, y aclara desde qué perspectiva está opinando, de modo que el lector pueda juzgar la subjetividad de la pieza. Si el autor es de izquierda o derecha, feminista o animalista, socialista o marxista, esto no debe ocultarse en modo alguno al lector con el fin de hacer propaganda. La propaganda no es opinión, es manipulación.

“Y tampoco excluiríamos la crónica y el ‘nuevo periodismo’” que celebran la subjetividad y la hacen el eje de la narrativa periodística. El periodista puede buscar transmitir emociones y sensaciones que no sería posible trasladar mediante la narración simple de los hechos, sino que exigen la aportación del lenguaje literario, de figuras de lenguaje y literarias, pero debe ser -igualmente- una literatura honesta, fiel a los hechos, que puede bordar sobre la realidad pero no alterar ésta, que debe reconocer sus limitaciones y evitar la tentación de ponerse por encima del lector ya sea como narrador omnisciente o mediante un lenguaje críptico, técnico o elitista, olvidando que está a su servicio, y al servicio, nuevamente, de sus derechos”, escribió Schwarz el 16 de agosto de 2016.

Una actividad ética

El periodista cultural Dustin Van adjunta “diversas reflexiones a raíz del estudio del código deontológico del periodista, a saber, aquello que debería llevar grabado en su ADN antes de escribir, grabar o comunicar, si lo que pretende es realizar su profesión tal y como ha sido concebida desde un marco ético y con una finalidad que busca beneficiar al ciudadano, más allá de otras fuerzas que intenten dificultar su trabajo.

“Resulta una obviedad que, al día de hoy, muchos periodistas y medios no se consideran capaces de trabajar en esa dirección y prefieren, efectivamente, utilizar recursos más sencillos para impactar a la audiencia o favorecer determinados intereses de los que esperan obtener algo a cambio.

(…)

“Una antítesis del buen periodismo en el mundo digital sería el llamado clickbait, traducido al español como ciberanzuelo. Lo paradójico de ello es que muchos medios establecidos y ‘rigurosos’ enlazan al final de sus artículos a otros artículos que tienen titulares clickbait procedentes de otros medios apenas creíbles, cuya finalidad es, obviamente, la rentabilidad”, escribió Van el 26 de agosto de 2017.

Finalmente, para J. M. Chomón Serna (17 de agosto de 2017), el buen periodismo es:

“Aquel basado en el rigor y la veracidad. Siempre atento y sensible con los más débiles y desfavorecidos y receloso de los poderes económicos y políticos. El buen periodismo huye del infoentretenimiento”.

 Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

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