¿HUBO O NO HUBO ORGÍA?

Estaba anunciado que en su conferencia de este sábado 23 de marzo el periodista Javier Solórzano hablara a los comunicadores de Colima sobre el papel de ‘Los medios públicos en la Cuarta Transformación’, pero inevitablemente acabó hablando de las redes sociales.

El conductor de programas en Canal 11 y el Canal del Congreso respondió a la inquietud del colega Pedro Castillo respecto a lo que podríamos llamar la maldición de Las Palmas: sea cual sea la verdad jurídica en el episodio donde resultó muerto un menor de edad, la versión oficial será aplastada por la leyenda construida en las redes sociales, entre otros, por el ex diputado local Esteban Meneses Torres.

Tras preguntarse si pasó o no pasó lo que se dice que pasó, Solórzano no se anduvo por las ramas: “El gobierno está obligado a explicar con peras y manzanas qué pasó”.  Porque en el imaginario colectivo hay una idea diferente a la que maneja la Fiscalía del Estado.

Si ocurrieron las cosas tal y como lo cuentan las redes sociales, y el muchacho murió en circunstancias escandalosas, “dímelo” tú gobierno, exigió Solórzano. “No permitas que, ante la falta de información, se genere desinformación. Lo peor ante un hecho así, es guardar silencio”.

Es el sentido de la comisión de los desaparecidos recién formada, subrayó Solórzano: que desde la esfera oficial ya no se diga una cosa cuando lo que pasó es otra. Y que se atiendan las denuncias porque la indiferencia se vuelve complicidad.

Ahora bien, “si no pueden con el asunto, que se traiga a los que puedan”. Que traigan a la federación, a peritos que sepan decir qué paso.

Para el experto invitado a dar un taller sobre medios públicos al personal del Instituto Colimense de Radio y Televisión, este tema es “muy delicado para el señor que ganó dos elecciones. Están apostando al olvido. Y el asunto es delicado porque crea antecedentes”.

Por lo demás, advirtió Solórzano, si bien “no se vale cuestionar el tema por sus implicaciones sexuales”, tampoco “me digas” que por respeto a la diversidad se deben callar las cosas.

Y no se vale que, en sociedades tan pequeñas como la nuestra, donde todos nos conocemos, las cosas lleguen a este extremo de especulación en las redes sociales, comentó Solórzano en la conferencia magistral con la que terminó la semana de actividades organizadas por el Colegio de Profesionales y Profesionistas de la Comunicación.

Y ponderó: las redes sociales son un fenómeno, pero la maledicencia de los usuarios de Facebook es nada comparada con la perversidad de las autoridades tratando de taparlo todo.

Recordó Solórzano el día que se cumplían 25 años del asesinato de Colosio que, en Lomas Taurinas, una semana después ya habían construido una biblioteca justo en el lugar donde ocurrió el atentado. Y que para ocultar la infamia de los muertos del Tec de Monterrey, se hizo una puesta en escena para convencernos que eran sicarios quienes, en realidad, fueron dos estudiantes de excelencia.

A COLOSIO LO MATÓ LA CIA

El ex rector de la UNAM, José Narro, ahora aspirante a dirigente nacional del PRI, sorprendió a todos con su respuesta a la pregunta que le formuló el reportero Sergio Ramírez de La Razón de México: ¿Usted cree en la teoría del asesino solitario?

“Yo, a 25 años de distancia, le puedo decir que creo en lo que hizo un gran abogado, que comprometió meses y meses de su vida y de su trabajo y que hizo una investigación íntegra, y a mi entender, porque tuve la oportunidad en su momento de conocer el desarrollo de la misma, de apuntar con hechos, con evidencias, con información y conocimiento científico lo que se dijo en el informe del último fiscal especial, el licenciado Luis Raúl González Pérez, actual presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos”.

Narro dedicó otros párrafos en la entrevista (https://www.razon.com.mx/mexico/narro-respalda-teoria-de-asesino-solitario/) a hablar de su admiración hacia el malogrado candidato presidencial pero, sin duda, lo que destaca el diario que dirige Adrián Castillo es la aparente ingenuidad del ex secretario de Salud respecto a la posibilidad de que Aburto actuara solo.

En Colima, otro ex rector universitario, Fernando Moreno Peña, sorprendió a la militancia priista en el acto de homenaje a Colosio la noche del viernes 22, al exponer su propia teoría del magnicidio: una conjura internacional.

El ex gobernador –cita el boletín que giró el PRI estatal– “señaló que Colosio era el indicado para que el sistema se abriera y el PRI se oxigenara, por lo que su asesinato  pudo haberse tratado de un proyecto de los gringos para acabar con los liderazgos en Latinoamérica, y en el que el petróleo juega un papel preponderante”.

Moreno Peña era rector de la Universidad de Colima en 1994 cuando murió Colosio, y le tocó ser anfitrión en la asamblea popular universitaria –como se le llamaba a los mítines de los candidatos presidenciales del PRI que hasta Zedillo visitaron esa casa de estudios. En la sala audiovisual Alberto Isaac, que resultó insuficiente para acoger a los asistentes al evento organizado por la Fundación Luis Donaldo Colosio, el ex gobernador afirmó:

“…a los norteamericanos no les convenía que tres países líderes en Latinoamérica tuvieran dirigentes fuertes, como era el caso de Fernando Collor de Mello en Brasil, Carlos Andrés Pérez en Venezuela y Carlos Salinas de Gortari en México, ‘por lo que cortaron por lo sano’.

“Así, los mandatarios de Brasil y Venezuela, quienes llegaron con fuerte apoyo popular en sus respectivos países terminaron siendo destituidos, mientras que Salinas de Gortari, quien estaba llamado a ser presidente de la OCDE, terminó siendo defenestrado; y tanto él como su familia, acusados de cometer diversos crímenes.

“Fernando Moreno señaló que Colosio no era el candidato de la continuidad: Salinas fue un hombre que tuvo la oportunidad de hacer grandes reformas pues contaba con la mayoría en las cámaras, entonces pudo haber impuesto a Camacho pero entonces optó por incorporar ‘a un rostro  nuevo, una cara fresca, con  claridad de pensamiento, con ideas propias y con el mensaje de que las cosas estaban cambiando para el PRI’; por lo que, señaló Moreno Peña, con la muerte de Colosio, Salinas no ganó, sino que perdió’.

“Asimismo, recordó que años después, siendo Ernesto Zedillo ya presidente de la república, Moreno Peña pidió una audiencia con él y le mostró una fotografía tomada en Colima el 10 de febrero, donde aparece en la comitiva que acompañaba a Colosio una persona parecida a Mario Aburto”.

TRAS LOS PASOS DEL CANDIDATO

La conclusión a la que nos llevó el ex mandatario colimense al cerrar su intervención con la anécdota de la fotografía, es que Aburto anduvo siguiendo al candidato en su gira esperando el momento adecuado.

Este resultó ser el mitin de Lomas Taurinas que se desarrolló en una hondonada a la que sólo se podía acceder mediante un puente de madera, por lo que el escenario desde donde Colosio lanzó su último mensaje resultó ser una ratonera.

El asesino se movió con la complacencia o la complicidad del Estado Mayor Presidencial. Ese Aburto de la fotografía o cualquiera de los Aburto, es decir, sujetos como el agente de CISEN Jorge Antonio Sánchez Ortega detenido también en Lomas Taurinas con la ropa manchada de sangre y quien dio positivo a la prueba del rodizonato de sodio para detectar residuos de pólvora, o como el otro individuo asesinado en un billar de Tijuana ese mismo día, era muy parecido al Aburto que fue detenido por la gente en la escena del crimen.

Lo que parece confirmar la teoría del segundo tirador, el que presumiblemente realizó el disparo al costado de Colosio, con lo que se explicaría la absurda imagen del candidato dando una vuelta sobre su propio eje después de recibir una bala en la cabeza para sufrir una segunda herida antes de terminar la caída.

Y en todo caso, si es verdad la teoría del cambio de Aburto, parecido al sujeto que fue presentado por las autoridades al día siguiente y que –si es que no lo volvieron a cambiar –sigue preso en una cárcel de Huimanguillo, Tabasco.

Sí, la muerte de Colosio terminó por favorecer los intereses geopolíticos de Estados Unidos. Pero como la masacre de Tlatelolco y los fraudes electorales de 1988 y el 2006, fue un crimen de Estado. Y el jefe del Estado en 1994 era el todopoderoso Carlos Salinas, a quien –pienso yo– habría resultado difícil engañar con un complot contra Colosio del que el innombrable no formara parte.

 

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