A través de diversas denuncias ciudadanas, nos relataron y se quejaron amargamente de la aparente persecución que realiza la Dirección de Tránsito y Vialidad del Ayuntamiento de Colima, presidido por Riult Rivera, a los automovilistas de las principales vialidades de la capital, bajo el pretexto de la implementación de un programa para garantizar la seguridad de quienes transitan a diario por las pozudas calles capitalinas que en unos días verán iniciar el Sábora Fest.
Y es que, nos dicen, más que un programa de prevención de accidentes, continuamente, ya sea por el Tercer Anillo Periférico o incluso por los libramientos en sus zonas municipalizadas, hay operativos de radares que nadie ve, ante la confusión general de que hay un límite de velocidad en Villa de Álvarez y otro en Colima.
Nos cuentan que, cuando alguno de los tránsitos municipales te detiene, no saben explicar al conductor del vehículo a infraccionarse dónde está la indicación de la velocidad límite y no te dan una advertencia sin multa (como sucedió alguna vez que se implementó un programa de uso de cinturón de seguridad durante la administración del alcalde Federico Rangel). En sí, una vez detenido el vehículo, el radar se convierte en la pistola más rápida del oeste, en perjuicio del bolsillo de los automovilistas capitalinos.
Por cierto, también nos cuentan que cuando llegas con el Juez Cívico, el valor de la multa a pagar no es nada amigable, impronta una vez más del ánimo recaudatorio del seudo programa de seguridad vial. Lo que sí es evidente, como nos dicen un par de quejosos, es que lo recaudado no se va a tapar baches, pozos o arreglar semáforos, y nos preguntan si lo recaudado es para satisfacer la nómina capitalina, o simplemente es consecuencia de que Kabah y Río Roma salieron muy caros para el Sábora Fest.
Hay que agregar finalmente que quien escribe ha sido testigo de que, cerca de la media noche en el Centro histórico de la ciudad capitalina, arriba un grupo numeroso de agentes de tránsito del Ayuntamiento con el bloc y la pluma de multas lista para despachar a todos los vehículos que sea posible. ¡Ojalá así pasara en los constantes embotellamientos que se encuentra uno por las avenidas capitalinas! En las que los agentes de tránsito brillan por su ausencia para agilizar el flujo vehicular.
CASI CUMPLEAÑEROS
Hablando de baches y pozos, en el vecino municipio de Villa de Álvarez tampoco estamos como para echar campanas al vuelo por el estado de las calles. En el municipio villalvarense hay una serie de baches que se extienden hacia el norte por la avenida Benito Juárez, iniciando en las inmediaciones al famoso “Torito”, el semáforo frente al DIF Municipal y se combina posteriormente con un pozo inserto al borde de una alcantarilla dañada que es capaz de ponchar cualquier llanta, aunque sea Michelin. Esos malditos pozos ya casi cumplen el año de edad y parece que en la comuna villana les querrán llevar pastel.
MÁS ALLÁ DEL LIMONERO
El gobierno de Armando Reyna parece fluir con buenos avances. Y digo parece porque, como se lo hemos hecho saber algunos reporteros cuando hemos saludado al alcalde tecomense, es difícil enterarse de sus acciones; al parecer la decisión es que sus boletines y comunicados no viajen más allá del Limonero. Igual pasó con la información de la Feria del Limón y, todo parece indicar, seguirá en la misma tónica el tradicional y prestigiado evento nacional de voleibol del Alcuzahue.
Una lástima, pues se suma a varias de las nuevas administraciones municipales que han optado por segmentar o de plano reducir casi a nada su comunicación social. Arriesgada decisión, especialmente para aquellos gobiernos guindas, quienes deberán recordar lo sucedido el trienio pasado con otra administración morenista, la de Coquimatlán, que no estilaba enviar comunicados. Posteriormente, la referida administración sucumbió electoralmente ante un cuestionadísimo candidato del PRIAN…
¡AY, DIOS MÍO!, ¡ESA GORRA!
Más de alguno se desgarró las vestiduras por la gorra alusiva al Ché Guevara que en anterior sesión del Congreso portó en la Mesa Directiva el diputado presidente del Legislativo, Alfredo Álvarez. Tras haberse desatado las fobias más profundas de varios colimotes hacia el comunismo cubano, habrá que decir que peores fueron las veces en las que algún diputado panista se subió a la misma tribuna laica y gritó: “¡Ay, Dios mío!”, y ningún ateo hizo escándalo.