La costosa calcomanía vehicular, tema para diputados  

Atareados en una discusión que no parece tener fin, como la reducción salarial, cuya agenda pública se ha manejado desde Casa de Gobierno con el único afán de debilitar al Legislativo ante la presente y futura embestida del PRI-Gobierno, los diputados locales han ignorado hasta el momento un tema que sí es de alto impacto para la totalidad de la ciudadanía colimense: el elevado costo de la calcomanía vehicular que se paga año con año como impuesto estatal.

El holograma vehicular, cuyo costo en este 2019 ya ronda los $1,000 pesos, impacta por igual desde los poseedores de vehículos cuasi chatarra, hasta los dueños de un Mercedes Benz; un negocio redondo si recordamos que en Colima las malas condiciones del transporte público generan que las familias tengan más de un vehículo en sus cocheras, y que, sin importar las condiciones sociales, las personas buscan hacerse de un auto simplemente por economía de tiempo en su vida diaria.

Lo peor de todo, lo que debería ser uno de los alicientes principales para nuestros diputados locales para abordar esta temática, es que los altos ingresos que el Gobierno estatal recauda por este impuesto no son identificables ante la percepción social de los contribuyentes. Los doloridos bolsillos de los ciudadanos deben enfrentarse a este pago al arranque de cada año, sumándose a otros impuestos que son prioritarios, como el predial, lo que da poca tregua a la maltrecha economía familiar.

¿Alguien ha olvidado o sido impedido de pagar el holograma vehicular uno o dos años? Los recargos son lesivos, por decir lo menos. Un descuido en el pago se convierte en una bola de nieve incosteable, pues desde su punto de partida ya se trata de un impuesto que excede los presupuestos de cualquier familia promedio, y del que no se ve retribución alguna. No se trata de eliminar este concepto, sino moderarlo, hacerlo menos dañino para la economía de las familias.

Las condiciones de las calles y avenidas más transitadas de la entidad son un campo minado, y el pago excesivo del holograma no ayuda en nada, pues no se refleja en algo tangible para la sociedad.

Dadas las condiciones, los legisladores locales se anotarían un golazo con una revisión a este tema que afecta a miles de ciudadanos colimenses, de todos los niveles sociales. Estos son los beneficios a la gente, al pueblo, que bien deberán poner en el radar. También deberían hacerlo los manifestantes que, contrario a lo que pregonan, buscan el debilitamiento del Legislativo ante el Ejecutivo, situación que tampoco beneficia a la población.

Colima, con una calcomanía vehicular muy costosa, desangra los bolsillos de ciudadanos que no ven ninguna retribución.

 

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