OPOSICIÓN OFICIALISTA

Cuando analizábamos la alianza de facto entre la bancada de Morena y la del PAN, la misma que llevó al diputado perredista pero integrante de la fracción albiazul, Francisco Rodríguez, a hacerse de la presidencia de la Comisión de Hacienda, Presupuesto y Fiscalización de los Recursos Públicos, un colega reprochó a los lopezobradoristas haber hecho mayoría con los panistas. Ante eso mi reflexión fue: ni modo que se alíen con el PRI.

Pues bien, Vladimir Parra llega a la presidencia de la Comisión de Justicia, Gobernación y Poderes con los votos de los coordinadores del PRI y el PVEM, además de la anuencia del jefe de la diputación del PT, César Farías, que se había distanciado del bloque de Morena pero ya se reconcilió con ella.

Como nuevo líder de la bancada de Morena, Parra retuvo por supuesto el voto de los congresistas que aún se identifican con la corriente principal de ese partido. Pero no tuvo el respaldo de los diputados opositores al gobierno de Ignacio Peralta: el Movimiento de Regeneración Colima, Movimiento Ciudadano, Nueva Alianza y PAN.

En la enésima recomposición del Congreso del Estado desde que se instaló esta Legislatura en octubre pasado, Parra parece haber aplicado la máxima: “enemigo de mi enemigo, mi amigo”. Y pese a que la indisciplina era una de las críticas que hacía a sus compañeros de ruta, Vladimir acaba de fundar una nueva gobernabilidad en el parlamento estatal a partir de la fractura de lo que fue la coalición Juntos Haremos Historia.

RUEDA, EL NUEVO ANTERO

Esto es bueno para Parra porque le permite empoderarse en el Congreso, luego de que la jefatura en Morena y la coordinación del Congreso habían recaído en un tercero en discordia dentro de la pugna que sostienen Guillermo Toscano y el propio Vladimir.

Dicha solución salomónica llevó a nombrar coordinadores de Morena y presidentes de la antigua Comisión de Gobierno Interno, sucesivamente, a Miguel Ángel Sánchez y Jazmín García.

Sin embargo, es malo para la oposición local porque deja a Vladimir Parra a merced de los operadores del gobernador Ignacio Peralta.

Para la clase gobernante esto es garantía de una feliz convivencia entre los poderes Ejecutivo y Legislativo. Mas para la ciudadanía colimense que votó abrumadoramente por un Congreso donde los 16 distritos fueron ganados por diputados contrarios al régimen priista que se vive en la entidad, esta nueva realidad parlamentaria contradice el mandato popular de cambio.

Lástima que las divisiones, escisiones y traiciones entre los partidos, grupos y actores políticos que capitalizaron con una diputación la figura de Andrés Manuel, se traduzcan en una mayoría lopezobradorista condicionada por el oficialismo del PRI-PVEM.

Y la gran pregunta es cómo hará Vladimir Parra –por mucho control que tenga de la Oficialía Mayor del Congreso– para operar en la legislación local las reformas constitucionales que promueve el Presidente de la República, siendo rehén de los agentes de Nacho Peralta. Porque si le quitan los votos priistas y ecologistas, Vladimir pierde el gobierno interno.

Después de tres meses y medio de vegetar como legislador, al grado de darse el lujo de presidir el PRI estatal y coordinar al mismo tiempo a la bancada del tricolor en el Congreso, Rogelio Rueda Sánchez se prepara para asumir el papel que jugó el panista Fernando Antero en la anterior conformación de la Legislatura.

La evidencia de que Rueda se va a poner a chambear es que, apenas se conoció la renuncia de Jazmín García a la bancada Morena de Vladimir, se anunció el relevo en el PRI estatal. Y la prioridad en este trabajo tras bambalinas es concertar con Parra un cambio en la Comisión de Hacienda. El que sea, menos un político tan agudo y mañoso como Paco Rodríguez.

Y AL FINAL FUE KIKE

Tanta saliva gastada en analizar la filiación política de Kike Rojas (que si es fernandista de origen, que si se convirtió al anguianismo, que si es un activo del peraltismo), para que al final le dieran al ex alcalde de Villa de Álvarez la presidencia del comité directivo estatal del PRI, sin mayor trámite.

Las dudas sobre la lealtad de Kike Rojas plasmadas en medios impresos y digitales que pretendían hablar por el gobernador Peralta, llevó a postergar indefinidamente el nombramiento de Rojas Orozco, un cuadro que llegó a la secretaría general de la CNOP local con derecho de sucesión en el PRI.

La verdad es que Enrique Rojas siempre estuvo en la terna. Se había ganado su boleto a encabezar a los priistas desde que ganó en 2015 la diputación federal por el primer distrito, en una cerrada competencia con la entonces perredista Indira Vizcaíno.

Aunque su triunfo fue impugnado y luego deslegitimado por el gobierno de Ignacio Peralta, quien nombró secretaria de Desarrollo Social a la ex alcaldesa de Cuauhtémoc, Kike hizo un esfuerzo por consolidar desde San Lázaro una trayectoria política que había sido hasta entonces meramente local.

Los villalvarenses nos acordamos de él cada vez que oímos tabletear las lajas de pórfido con las que pavimentó el centro histórico. Pero sus caballitos de bronce se han vuelto un atractivo turístico.

En la CNOP, Kike enarboló la lucha de los taxistas concesionados contra los usuarios de aplicación digital que prestan servicio “pirata”. Y en algún momento se habló que esa bandera lo llevaría a la Secretaría de Movilidad del Gobierno del Estado.

Por lo demás, el relevo en el PRI se hizo de la manera antidemocrática acostumbrada: Kike fue nombrado secretario de Organización, y su “compañera de fórmula”, Esperanza Hernández, secretaria de Acción Electoral. Acto seguido, Rogelio Rueda y Lizet Rodríguez renunciaron a la Presidencia y a la Secretaría General por lo que, siguiendo el orden de prelación, la dirigencia estatal pasó Rojas y a Hernández.

En un gesto de sinceridad, cuando se “enteró” del movimiento en un anuncio fingido dentro de la salutación del PRI al mandatario con motivo del año nuevo, el gobernador Ignacio Peralta les dijo a los nuevos líderes del priismo: se sacaron “la rifa del tigre”.

La “broma”, como la describieron hasta los boletines de prensa, esconde la visión que tiene JIPS del partido que lo llevó al poder:

– Se ve difícil que el PRI remonte electoralmente en 2021;

– Se antoja complicado que las huestes del tricolor recuperen el entusiasmo que tuvieron en el pasado, cuando el partido era poco menos que una agencia de colocaciones y una fuente inagotable de subsidios;

– Y, sobre todo, resulta incierto que el priismo entre en las ecuaciones políticas que el Gobernador está haciendo en el marco de su propia sucesión.

Cada vez resulta más claro que la única candidatura a Gobernador en la que Ignacio Peralta buscará influir, es en la de Morena.

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