Reiteradamente, intelectuales, empresarios de medios y periodistas en México han acusado al presidente López Obrador de amenazar la libertad de expresión. En la emisión del 23 de septiembre de 2020 en Debate 22, dedicada a dar ‘Una mirada al periodismo en tiempos de la 4T’
(https://www.youtube.com/watch?v=2hWxy7SBBeQ), Kimberly Armengol charló sobre esta cuestión con Julio Hernández López, autor de la columna Astillero en La Jornada y conductor de los diferentes espacios de opinión e información en las plataformas digitales con la marca Julio Astillero.
En el momento en que se transmitió la entrevista, 650 intelectuales, artistas y políticos habían firmado un desplegado ‘en defensa de la libertad de expresión’, donde hicieron un reclamo ante la actitud aparentemente beligerante del presidente Andrés Manuel López Obrador frente a la crítica. ¿A Julio Astillero qué opinión le mereció el documento?
“En lo personal me parece muy interesante que, en primer lugar, se definan los campos de una discusión ideológica que es necesaria. Por otra parte, creo que el ejercicio cívico de esas 650 personas no sólo es correcto, legítimo y válido, sino que forma parte del mosaico de opiniones que deben expresarse en nuestro país. Sin embargo, los suscribientes parten de premisas erróneas.
“Una premisa sustancial del planteamiento es que está en riesgo, literalmente bajo asedio, la libertad de expresión. Pero es una postura absolutamente equivocada. En la administración del presidente López Obrador no ha habido, en realidad, ningún caso que yo conozca de censura inducida o promovida por la administración pública federal. Todo lo contrario. Veo, verifico y constato diariamente una absoluta libertad para expresarnos en los términos que a cada quién nos dé la gana.
“Lo que ha habido es una reducción notable del presupuesto de publicidad gubernamental, para efectos de convenios con medios de comunicación. Y un absoluto abandono de las prácticas tradicionales de entendimiento entre los funcionarios gubernamentales y los directivos de los medios de comunicación privados.
“El desplegado habla de una democracia mexicana en riesgo. Pero la democracia mexicana como tal es solamente una aspiración. Estamos en un proceso muy complicado en el que persisten los mismos elementos distorsionadores de los procesos democráticos y, por el contrario, lo que se necesita es hacer a un lado las viejas estructuras de la falsa democracia que se vivió durante toda la existencia de este sistema político y económico que todavía seguimos viviendo. Se necesita instaurar nuevas formas de participación que permitan crear verdaderas condiciones democráticas”, responde Julio Astillero.
TRIBUNA DESMEDIDA
Si uno lee el desplegado sin tener antecedentes, parecería que en sexenios anteriores había una impresionante libertad de expresión en nuestro país, apunta Kimberly Armengol.
“Ahí es donde el enfoque que utilizan estas 650 firmas choca con la realidad que hemos constatado millones de mexicanos. Precisamente, el rechazo a ese sistema, a esas formas de hacer las cosas en el pasado, es lo que se expresó en 2018 con el apoyo apabullante en votos a López Obrador.
“Se le vio como una opción de cambio en México, que no está exenta de errores y estridencias ni de un uso desmedido y erróneo de la tribuna: esa conferencia mañanera de prensa donde, ciertamente, el presidente de la República ha insistido y perseverado en hacer señalamientos específicos contra ciertos medios de comunicación, opinantes y comentaristas. Algunos de ellos, desde mi punto de vista, deberían terminar de cumplir su ciclo natural de exhibición pública sin que, justamente, la tribuna presidencial los ponga todavía de mayor relieve.
“A los mexicanos nos queda muy claro que en el pasado reciente lo que menos hubo fue verdadera libertad de expresión. Por el contrario, salvo –como diría el propio López Obrador– honrosas excepciones, hubo exclusión de las voces de esa otra parte de México que se volcó en julio de 2018 en las urnas para exigir el lugar que le corresponde y que le había sido escamoteado, regateado y negado por la gran mayoría de los medios de comunicación privados e, incluso, en el ámbito de la televisión y la radio públicas. Había esfuerzos como Radio Educación y Radio UNAM o, desde luego, como Canal Once y TV UNAM que mantenían la diversidad en los medios públicos, pero sin una completa inclusión de voces ciudadanas”, desglosa Julio Astillero.
ÁGUILA NO CAZA MOSCAS
El presidente López Obrador ha estado dando demasiada importancia a columnistas y periodistas que lo atacan, cuando tendría que estar un poco más relajado, coincide Kimberly Armengol. En ese sentido, ¿cuál es la evaluación de Astillero sobre la relación de la prensa con López Obrador y del presidente con la prensa?
“Uso una frase del refranero popular: águila no caza moscas. Es decir, el águila imperial instalada en Palacio Nacional no debería estarse desgastando en la persecución, así sea meramente oratoria o discursiva, de quienes somos, y lo digo en plural, moscas que surcamos el firmamento periodístico.
“El presidente de la República no tiene por qué descansar su discurso constantemente en la exhibición de las primeras planas de ciertos medios, en la confrontación directa a ciertas columnas o ciertos comentaristas. El presidente de México tiene la obligación de ser la voz con mayor resistencia ante la crítica pública, porque esa es la obligación de las figuras del poder político”, responde Hernández López.
BALANCE DE LA MAÑANERA
¿Y qué le parece a Astillero el ejercicio democrático y periodístico de las mañaneras? Armengol coincide que se ha abusado un poco de esta trinchera para contestar el tipo de periodismo que se ejerce ahí. Por un lado, tenemos ejemplos ridículos de besamanos al presidente, donde las preguntas no son más que halago fácil. Y, por otro, críticas al presidente de parte de quienes ni siquiera han estudiado el tema sobre el que lo cuestionan. Lo mismo pasaba en las conferencias vespertinas con el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell. ¿Podrían mejorarse las mañaneras?
“Cuando se haga el balance –expone Julio Astillero–, el saldo positivo será el número de horas que insólitamente el jefe del Estado mexicano, el jefe del Gobierno, ha dedicado diariamente a informar y detallar, a dar las claves de lo que se está haciendo y lo que se está viviendo en política. Eso es muy importante y está por encima de cualquier ejercicio de exposicion pública que haya realizado antes un mandatario en México. Recordemos el mutismo permanente de Enrique Peña Nieto, quien sólo daba contadas conferencias de prensa, con mucho control y mucho acotamiento.
“Es un ejercicio positivo, mucha gente ha estado aprendiendo y entendiendo, asomándose a los vericuetos del poder, a las circunstancias de cómo se toman decisiones, a partir de la conferencia mañanera. Sin embargo, son excesivas en tiempo. Una hora sería más que suficiente.
“Por otra parte, el presidente de la República debería abstenerse de todo tipo de auto satisfacción: las referencias históricas, las anécdotas personales, los comentarios dirigidos específicamente a ciertas personas para descalificarlas. Si las elimina, tendríamos una conferencia mañanera más robusta en términos de información periodística.
“Tres horas de conferencia resultan en un exceso de información, y más cuando proviene de impulsos personales o comentarios del propio presidente. Con menos tiempo, las conferencias podrían quedar circunscritas a los hechos noticiosos, desde luego con la explicación política que quisiese dar el presidente, pero sin tanta referencia histórica ni personal, que no es aquello por lo cual los reporteros vamos a una conferencia de prensa.”
Y en el saldo negativo –contrasta Hernández López–, persiste en las mañaneras el ejercicio de un periodismo que suele halagar y presentar los puntos positivos para que el presidente de la República se regodee y se explaye sobre ellos, o, al contrario, presentar los puntos negativos sobre los cuales el presidente no desearía hablar.
“No hay, pues, un equilibrio entre el ejercicio profesional estricto que debe caracterizar al periodismo y el ejercicio de muchos recién llegados y advenedizos que no están haciendo su trabajo con rigor periodístico.”
