En los trabajos periodísticos que hemos hecho –comenta Ernesto Ledesma, uno de los conductores de Momentum– observamos cómo operan tanto las redes sociodigitales pro Andrés Manuel López Obrador como las redes anti-AMLO.
[Como ha explicado Julián Macías en su sitio Pandemia Digital, es presumible que muchas de esas cuentas pertenecen a una botnet o son cuentas administradas por un trollcenter].
¿Cómo identificar a los miembros de esas redes que son usuarios reales?, ¿cómo distinguirlos de los bots lanzados para simular una gran audiencia?, le pregunta Ledesma a Alberto Escorcia, su invitado del 20 de mayo de 2022 en el noticiero que coproducen el portal Pie de Página y Rompeviento TV (https://www.youtube.com/watch?v=zP2K94lwdzM&t=31s).
Para el experto en redes sociales, comunicación digital y seguridad en internet, también director del sitio especializado LoQueSigue.tv, curiosamente “ambas redes funcionan igual. Son una copia de la otra”.
“Las dos redes, tanto la de derecha como la de izquierda, utilizan el sensacionalismo. En ambas, el titular
[o encabezado de la nota]
jala la atención”. Usan enunciados estridentes, exagerados y tendenciosos “para jalar tráfico”. Y recurren por igual al uso de bots.
“A las cuentas que usan bots las podemos detectar porque presentan una disparidad en la correlación entre visitas y reacciones. Muchos de los grandes youtubers, tanto de izquierda como de derecha, pueden llegar a tener un millón de visitas pero apenas unas 100 o 200 interacciones. El parámetro es esa desproporción. Lamentablemente, a nivel técnico sólo se puede analizar con herramientas poco accesibles para el gran público. Sin embargo, la gente puede saber el alcance real de un youtuber midiendo cuántas reacciones tienen sus videos respecto al número de visitas”, explica Escorcia.
PULGARES ARRIBA
“Esa es la razón por la cual, al finalizar sus videos, todos los youtubers piden darle ‘me gusta’ o ‘pulgar arriba’, que se suscriban a su canal o le den ‘campanita’ para recibir notificaciones, porque esos números son los que aumentan el ratio.
“El Click Through Rate (CTR) o ratio es esta correlación entre el número de clics que obtiene un enlace respecto a la cantidad de impresiones. Y es uno de los valores más preciados en la industria digital. Los datos son el nuevo petróleo [el recurso más preciado]. Y en la industria digital un producto vale más si tiene un buen CTR, es decir, una buena relación entre reacciones y visitas.”
El ratio resulta de dividir el número de reacciones entre las visitas, y se mide con un porcentaje. “Un buen CTR es de 10 por ciento, pero un CTR maravilloso sería de 20 puntos porcentuales. En México, quienes tienen un CTR muy bueno son Sopitas, Epigmenio Ibarra y Ana Francisca Vega. Pero el CTR promedio de influencers y usuarios normales va del uno al tres por ciento. Lo normal o aceptable es que, si hay mil en línea, haya unas cien reacciones o cien comentarios. Ya menos de eso significa que nadie lo está viendo… o que estás inflando la transmisión”.
DIVIDIR MONOPOLIOS
En la última entrevista que concedió a un medio mexicano antes de partir a España (donde el polémico tuitero y periodista especializado en redes se instalará por tiempo indefinido, harto de las amenazas que ni el Mecanismo de Protección a Periodistas y Defensores de Derechos Humanos han podido frenar), Escorcia volvió al primer tema que se trató en esta serie de programas: ¿le conviene al mundo que Elon Musk compre Twitter?
“En mi opinión personal, no. Aunque sería interesante, si compra Twitter, ver que cumpla las promesas que está haciendo de destacar a la empresa en bolsa y eliminar los bots. Creo que son promesas populistas en realidad. Declaraciones hechas para bajar el precio de las acciones y poder comprar más baratas las que le faltan”. Esto luego que Musk pagara las primeras 10 dólares por encima de su cotización anterior, pues las acciones se dispararon cuando se supo del interés que tenía el dueño de Tesla y SpaceX en comprar Twitter.
Musk no hablaba en serio al prometer eliminar los bots, porque “ninguna red social puede vivir sin bots”. Como, tampoco, “ninguna red social va a acabar con el discurso de odio” ya que, lamentablemente, “el odio y el enojo generan más interacciones”.
Pensando en esta concentración de poder, Escorcia afirma que “ya es el momento de que estas redes sociales sean intervenidas por el Estado o, incluso, ya es tiempo que nazcan redes públicas”.
“Hay redes públicas que funcionan muy bien, como la Wikipedia o WordPress. Wikipedia realmente es una red social de gente que escribe los artículos para cada entrada. Y WordPress es una red pública donde la gente crea blogs. Ambas funcionan bastante bien y casi no tienen manipulación. Wikipedia tiene un poco más que WordPress, pero Twitter, Facebook y todas las demás, incluso Amazon que es una red de compras, tienen muchísima manipulación. Ya es momento de que sean intervenidas para garantizar a la gente, por puro servicio público, que lo que están viendo ahí es real.
“De alguna forma, tanto la sociedad civil como el Estado, tienen que intervenir las redes digitales. Y ya es hora de que las leyes antimonopolio empiecen a dividir estas empresas: Facebook, por ejemplo, puede ser fraccionada entre la red de amigos y la parte de los videos. Twitter se tendrá que dividir entre el servicio de mensajería (por mensaje directo) y el Timeline, pues son dos servicios separados en realidad. Google se tendrá que dividir entre el buscador y el resto de sus funciones, como Google Docs o Google Earth (Google Docs debería ser una sola empresa, Google Earth otra y el buscador otra), porque ya es demasiado y abrumante el poder que tiene” la compañía que idearon Larry Page y Sergey Brin en 1996 en las aulas de la Universidad de Standford.
LIBERTARIA Y REPRESIVA
“En resumen, no es bueno que un multimillonario como Elon Musk que está explorando Marte y se muestra muy interesado en el precio del litio, al grado que ya ha dicho que deben darse los golpes de Estado necesarios para que el precio del mineral baje, tenga además el control de la red social que casi monopoliza la opinión pública del mundo.
“Esta es la realidad. Twitter no genera dinero y tiene muchos bots, pero sigue siendo la red más influyente del mundo. A pesar de que Facebook tenga más seguidores, todos los movimientos sociales que hemos visto en el mundo (desde la Primavera Árabe a la revolución feminista, pasando por movimientos locales como #YoSoy132 en México) nacieron en Twitter.
“Y también podría servir para lo contrario. A través de Twitter se puede desmovilizar una causa colectiva, como vimos intentarlo a los PeñaBots o como lo estamos viendo ahora mismo en España. En Europa y otras partes del mundo se está viviendo, en 2022, lo que vivimos en México en 2010.
“México ha sido el campo de experimentación para lo que hoy se está viendo en España: las mismas grandes hordas de trolls que buscan acallar y desmovilizar a la gente que protesta. Con Peña Nieto y, antes, con Calderón vimos esas grandes operaciones de bots que iban contra activistas o que, cuando se creaba un trending topic de protesta, lo bajaban.
“Lo mismo está empezando a ocurrir en el mundo. Y, entonces, es muy peligroso que una red social que tiene ese poder de generar grandes movimientos y, al mismo tiempo, también el poder de aplacarlos, quede en manos del hombre más rico del mundo. Un magnate de quien no sabemos cuál es su ideología ni conocemos su forma de pensar, porque hace declaraciones francamente alocadas como esa de dar golpes de Estado para asegurar el litio. Por la sola protección de la población, Musk no puede tener el control de la red de Twitter.”
¿TELEGRAM MEXICANO?
En algún momento, recuerda Ledesma, el presidente Andrés Manuel López Obrador esbozó la posibilidad de que nuestro país pudiera crear una red social tipo Twitter. ¿Qué tan factible es eso y qué tan costoso sería? La segunda pregunta es: si Twitter es la red del odio, ¿qué viene siendo Facebook?
“No hay antecedentes de una red social estatal que haya funcionado. La primera fue ParoBook, la red social de los desempleados en Argentina. No funcionó para nada, porque el éxito de las redes sociales comerciales es que van creciendo poco a poco, y porque la historia en común que tienen las redes sociales comerciales, como Twitter y Facebook, es que empezaron en un garage y (en la medida que se usaban y las personas descubrían su utilidad) fueron creciendo exponencialmente.
“Las nuevas redes deben seguir ese mismo proceso. Y, entonces, si creas mañana una red para que se use por decreto, seguramente no terminará siendo adoptada por la gente. Un ejemplo fallido es el intento que hizo Google de construir una red social a partir de los correos de GMail. Se llamaba GMass y terminó siendo cancelada porque nadie la usaba. Es decir, nadie la adoptó.
“Lo que sí funcionaría a nivel estatal es un servicio de mensajería como WhatsApp. Tendría mucho éxito un Telegram del Estado mexicano o, en otra comparación, una red como la rusa VK (VKontakte, que se traduce como En Contacto). Está basada en Facebook, pero VK no es una copia.
“Hay una red que ha tenido muchísimo éxito porque es otro modelo de red: mezcla de mensajería, Twitter y Facebook; se llama WeChat y es china. Algo así funcionaría a nivel estatal en México.
“En un país que tiene noventa y tantos millones de usuarios de telefonía móvil, un servicio estatal de mensajería, público y gratuito, ayudaría muchísimo. Sobre todo si, al mismo tiempo, pudieras usar esa red para hacer trámites en Hacienda y todas aquellas gestiones ante el gobierno que es tan complicado hacer porque siempre ha habido una mala infraestructura digital, no solamente en este sexenio sino en los anteriores. Es una carencia del Estado mexicano y no depende del gobierno que esté. Si a alguien se le ocurre una idea como ésta en la 4T, por favor háganla. Sería un ejemplo de soberanía.
“El país que está gastando muchísimo en su soberanía digital, es Brasil. El gigante sudamericano y la Unión Europea están muy activos en este tema, porque ya se dieron cuenta que las grandes empresas digitales son realmente gobiernos paralelos. Los gobiernos brasileño y europeos están trabajando, primero, en obligar a esos gigantes tecnológicos a ser menos poderosos y, segundo, en crear redes estatales de comunicación.”
EN LA PANTALLITA
Para Alberto Escorcia, “el futuro de la mensajería va a ser una mezcla de WhatsApp y Twitter. El modelo de Facebook va a terminar porque comenzó con la computadora (es decir, con la pantalla grande), y la gran mayoría de la comunicación actual es a través del teléfono”.
“Vamos a ver teléfonos cada vez más pequeños, incluso empezaremos a ver los primeros implantes de chip (es en lo que está trabajando justamente Elon Musk) o un aditamento externo que, adherido con pegamento, te permita ver en unas gafas toda la información. Para allá va la industria. Y los estados nacionales tienen que reaccionar más rápidamente, porque llevan un rezago de diez años.
“También hay ejemplos de redes hechas por la sociedad civil. Surgió N-1, una red muy activa entre los anarquistas y los activistas” españoles. En 2011, al calor del 15M nació esta red social política, pero sobre todo ética, que no pretendía manejar datos ni comerciar. “Por las propias dinámicas de este tipo de organizaciones, los anarquistas se pelearon entre sí y terminó disolviéndose la red”.
“En internet estamos en pañales. Aunque parezca que estamos muy avanzados, realmente no hemos visto todo el potencial de la conexión global. La gran revolución en las telecomunicaciones se va a dar cuando esos satélites que brindan internet desde el espacio, realmente tengan la cobertura total que no ofrecen en la actualidad.
“En México, por ejemplo, la cobertura de la telefonía no es total. Solamente existe en las grandes ciudades, pero hay enormes regiones serranas, selváticas y desérticas que no están conectadas. Y no solamente ocurre en México, en todo el mundo es el mismo problema.
“Cuando haya internet satelital barato y accesible, vamos a ver una gran revolución tecnológica. Y con la famosa internet de las cosas, cuando todo pueda ser conectado a través de internet el mundo será diferente. Todavía nos falta ver el gran potencial de internet.”
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