¿TIENE FUTURO EL PRI?

Nos preguntamos al cerrar la columna anterior si tiene el futuro el PRI.

Quizá la interrogante debería ser: ¿el próximo sexenio, el tricolor en Colima será partido gobernante o de oposición?

E incluso hay una tercera posibilidad que ubica al priismo como un partido híbrido. En ese escenario la clase dirigente en Colima seguiría gobernando, aunque ya no con los colores que hicieron ganar a Nacho Peralta el poder ejecutivo en la elección extraordinaria de 2015.

Esta posibilidad encierra una variante: que la militancia priista, no la cúpula, sea la que se transfigure en una fuerza distinta para no dejar de ser clase política.

La base militante se quedó esperando una oportunidad de competir electoralmente, pero también de probarse en la administración pública. Los priistas, primero, vieron repetirse como candidatos a la nomenclatura hasta que fracasaron en las urnas. Y luego vieron llegar a los cargos de gobierno y de representación popular a actores de otras formaciones políticas –panistas y ahora morenistas–, sin que a muchos priistas les haya hecho justicia la Revolución.

Por lo demás, hacia la hibridación del PRI hay dos caminos: una alianza contra natura entre PRI y PAN, los dos partidos que se han venido disputando la gubernatura en cerrada competencia desde 1997; y una alianza tan antinatural como la anterior, entre PRI y Morena por intermediación del Verde.

DESCARAR AL PRIAN

El poder de la marca y un voto duro que muchos calculan en por lo menos 80 mil sufragios –sostiene la nueva dirigencia estatal en las reuniones que ha tenido con los cuadros de ese partido– le permitiría al Revolucionario Institucional conservar el gobierno estatal en un escenario de pulverización del voto anti-PRI.

Cuando el dilema electoral en 2018 sea la continuidad del viejo régimen o el arribo de la cuarta transformación, si en lugar de una elección entre dos o a lo sumo tres se presentan cinco o seis candidatos a la gubernatura, en Colimaganaría el PRI porquesería el más numeroso entre los menos.

Es la fantasía de un ideólogo priista: que AMLO se decante por Mario Delgado, Claudia Yáñez o Gricelda Valencia, y que Indira Vizcaíno, Griselda Martínez, Joel Padilla y Virgilio Mendoza se lancen por su cuenta, al suponer que tienen suficiente capital político; Indira postulada por Encuentro Social, Griselda como candidata independiente, Padilla con el registro del PT y Virgilio por el Verde.

Pero ante un candidato con todo el respaldo del presidente López Obrador y férreas medidas para mantener la disciplina entre los demás aspirantes de la 4T, el mismo ideólogo piensa que sólo una alianza PRI-PAN podría hacer frente a esa avalancha.

En las cúpulas es viable esta coalición cuyo propósito manifiesto es la continuidad del statu quo, es decir, mantener el estado de cosas. Pero en las bases se complica la fusión entre dos formaciones políticas largamente enfrentadas.

Las respectivas militancias se negarían a hacer campaña por un candidato aportado por el otro partido. Ya José Antonio Meade demostró, en la elección presidencial de 2018, que presentarse como un político sin ideología ni trayectoria partidista es una vil trampa para escondervínculos con intereses creados.

Por otra parte, el uso político que se le dará al proceso judicial de Emilio Lozoya terminará fortaleciendo en el imaginario colectivo una idea fuerza: la verdadera mafia del poder es el PRIAN.

CUOTA DE PARTIDO

Transfigurarse en Morena a través del Verde, es un proyecto en el que han venido trabajando algunos de los sectores del PRI. No esconden su respaldo al dirigente estatal del PVEM, Virgilio Mendoza, corrientes políticas como la del exgobernador Mario Anguiano ni organizaciones adherentes que aglutinan a las verdaderas fuerzas vivas del partido, como es la burocracia estatal.

La incorporación del Verde a la mayoría cuatroteísta en el Congreso de la Unión convirtió al regidor porteño, más que a la senadora Gabriela Benavides, en aspirante natural a la candidatura lopezobradorista a la gubernatura de Colima.

Y no tanto porque en una negociación entre Morena con sus aliados Verde y Partido del Trabajo, la 4T decida entregar por cuota de partido su candidatura en Colima a Mendoza Amezcua (o a Joel Padilla, líder moral del PT en la entidad). La verdadera razón es que Virgilio sí cuenta con las estructuras de movilización que Morena no ha podido construir por diversos motivos.

Uno de los principales motivos es el canibalismo que se está dando entre personajes que se saben cercanos a Andrés Manuel López Obrador,e infieren que es inminente el arribo de la Cuarta Transformación a Colima.

Sin olvidar que la cúpula verde-ecologista prefiere que les entreguen San Luis Potosí y que, en el caso de Colima, López Obrador bien podría pensar que no necesita regalar un estado que ya tiene ganado, y menos a un partido como el PVEM (pero lo mismo se puede decir del PT) cuya fuerza es más bien simbólica, la carta que juega Virgilio en la sucesión gubernamental es su habilidad para convocar a grupos de priistas hasta ahora enfrentados, entre ellos a fernandistas y anguianistas.

ROBARSE EL NIDO

Se ha desatado desde la esfera oficial una campaña para desacreditar a aquellos personajes cuatroteístas que amenazan la continuidad de ciertos intereses. Es lo que se llama operación robo de nido: romper los huevos de una especie para incubar los de otra.

Pero los ataques desde afuera han prosperado por la intensidad de las rivalidades internas. Al movimiento progresista en Colima lo han sumido en el caos las pugnas entre figuras de Morena o, mejor dicho, de la 4T.

Esta lucha al interior del movimiento ha hecho aparentemente imposible una reconciliación entre las estructuras del partido y la militancia. Pero también ha impedido un acercamiento entre el partido y los simpatizantes, sectores sociales y grupos políticos que trataron de sumarse al proyecto de la 4T sin encontrar espacios de participación.

El virgilismo antepone a ese desmadre una estructura bien articulada, con eficaces correas de transmisión del poder que permiten bajar las decisiones a ras de suelo. En ese sentido, Virgilio Mendoza ofrece la experiencia de una clase política formada en el pragmatismo, más que en la ideología del PAN, del PRI o del Verde.

Sin embargo, tiene un gran inconveniente. El ejército de promoción del voto que acompaña a Virgilio supone en muchos sentidos una revolución gatopardista: que todo cambie para que todo siga igual.

VA SU RESTO

Sin mucha posibilidad de mantener en manos de un priista químicamente puro la gubernatura de Colima, ¿cuál es el panorama electoral para el tricolor?

Tras el triste desempeño de gran parte de los diputados que llegaron al Congreso local como parte del tsunami López Obrador, la actual dirigencia priista cree posible recuperar algunos distritos.

En la anterior legislatura, el PRI llegó con seis diputados de mayoría y dos de representación proporcional. Pero en la presente diputación perdió en todos los distritos y le fueron asignados tres plurinominales.

La expectativa no debe ser muy alta pues, en la discusión de la reforma política, los parlamentarios priistas se negaron a eliminar la figura o a reducir siquiera la cantidad de diputados de partido.

En cuanto a la elección de ayuntamientos, es improbable para el PRI recuperar los municipios más poblados. En los pasados comicios consiguió dos alcaldías, Minatitlán y Coquimatlán, con candidatos enmascarados por el Verde.

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