El Tsunami Obrador

“Esta es una revolución”, le oigo decir a un colega cuando termina de revisar los resultados preliminares de las elecciones concurrentes de este domingo.

No se equivocó Andrés Manuel López Obrador cuando hablaba en campaña de una cuarta transformación de la República: lo que vimos el domingo es una verdadera revuelta electoral en el sentido que lo que estaba abajo quedó arriba, lo que era oposición ahora será gobierno.

Es evidente que el candidato presidencial de la coalición “Juntos haremos historia” arrastró en la ola a la mayoría de los nominados por Morena, el PT y Encuentro Social a las gubernaturas, el Congreso de la Unión o, como en Colima, la Legislatura estatal y los ayuntamientos.

La figura se acuñó en 2000 para describir el voto en cascada que llevó a Vicente Fox a Los Pinos y a muchos de sus compañeros de fórmula al Senado o a la Diputación Federal, pero la de ahora no es una ola, es un tsunami.

Aunque circulaban rumores de encuestas para consumo interno que hablaban de un triunfo apabullante del Movimiento de Regeneración Nacional, la inercia nos llevó a suponer que los sufragios por AMLO se traducirían en votaciones interesantes para los otros candidatos identificados con su proyecto, mas no lo suficientemente cuantiosas para llevarlos a la victoria.

Y es que en la mayoría de los análisis obviamos el factor Peje. En realidad, sobrevaluamos la capacidad de movilización de las estructuras priistas y la consistencia del voto duro panista. Por eso, nos tomaron en varios casos por sorpresa los resultados en la elección de ayuntamientos.

A los analistas se nos llenó la boca hablando de la madurez de un electorado que votaría en forma diferenciada. En todo caso, dimos por hecho que décadas de experiencia en la trampa electoral le permitirían al régimen conservar sus posiciones en los estados.

En pocas palabras, estábamos convencidos que como los organismos públicos electorales locales suelen operar de acuerdo a la línea que les dicta el gobierno de su respectivo estado, los resultados en los comicios locales no corresponderían a las votaciones federales.

La revolución cívica:

No pudimos anticipar la copiosa participación ciudadana que anuló el efecto de cualquier artimaña. Con la llegada de la competencia electoral, el PRI y el Verde, el PAN y el PRD fueron conservando sus respectivos enclaves gracias a la maña de grupos políticos locales capaces de torcer la voluntad ciudadana a fuerza de generar pánico moral (“Seremos como Venezuela”), comprar votos (en efectivo o mediante programas sociales) y desalentar la votación (incluso por medio de la violencia criminal).

Sin embargo, como la población acudió en masa a votar por AMLO y muchos de los cuadros que se postularon bajo las mismas siglas, ya no resultó la ecuación algebraica que les había permitido antes, a esos partidos en el poder, ganar fraccionando los porcentajes.

A fin de cuentas, en la simple aritmética gana el que suma más y López Obrador tuvo más, muchos más votos que cualquiera de sus contrincantes.

Lo que vimos este domingo es una revolución cívica. La misma “prensa fifí” que hablaba de los riesgos de que la gente votara con enojo, hoy celebra la normalidad democrática y pondera que José Antonio Meade, Ricardo Anaya y hasta El Bronco reconocieran el triunfo de Andrés Manuel.

Con todo, los candidatos derrotados y quienes formaron sus cuartos de guerra son hoy demócratas porque no les quedó de otra.

De no haber sido vencidos por las urnas, estaríamos pidiendo el juicio de la historia para quienes usaron el poder, en forma desmedida, para conservar el poder; de quienes dilapidaron los recursos públicos tratando de hacer ganar a candidatos que representaban intereses del grupo gobernante, nunca los de la gente.

Sin embargo, como no ganaron la historia olvidará el pecado de que, en Veracruz, el candidato del PAN a la gubernatura fuera el hijo homónimo del mandatario saliente, Miguel Ángel Yunes, o que, en Puebla, la candidata del blanquiazul, Martha Erika Alonso, sea la esposa del exgobernador que sigue controlando la administración pública, Rafael Moreno Valle.

Nueva clase política:

Como ocurrió de cierta manera en el 2000 con Fox (en 1988 vimos llegar numerosos legisladores de oposición al Senado o a la Cámara de Diputados, pero venían del mismo PRI o se habían formado en los partidos de izquierda), en 2018 vemos surgir una nueva clase política.

Especialmente en el Congreso local, el triunfo de los candidatos de Morena en 15 de los 16 distritos supone el arribo de un parlamento con poco oficio político y casi nulo posicionamiento de imagen, pero también una bancada potencialmente libre de los vicios que van adquiriendo nuestros diputados en el ejercicio legislativo.

La futura mayoría (integrada por la fracción de Morena y sus aliados) es una incógnita porque algunos de esos inminentes congresistas no hicieron ni campaña.

También porque, en la soberbia mediática y por el caótico manejo de la comunicación social en Morena, a pocos de ellos se les entrevistó.

Hay que decir además que, como los spots de radio y televisión que les correspondían a los tres partidos de la coalición fueron usados para difundir el mensaje del candidato presidencial, los nombres de los diputados locales de la siguiente Legislatura no son conocidos ni en los distritos donde se les eligió.

Estoy seguro que la mayoría de los electores votó a ciegas o, mejor dicho, votó por Obrador.

¿Cómo se tenderán las correas de transmisión del poder para que la voluntad política del presidente López Obrador se realice a través de las cámaras del Congreso de los Unión y de los parlamentos estatales?, es un misterio.

Por falta de información, más fácil resulta especular sobre quién manejará el Senado o San Lázaro que a la bancada morenista en el Congreso local.

En Colima, lo primero que tienen que hacer los futuros diputados (aparte de reunirse entre ellos para identificarse si es verdad, como se dice, que muchos ni se conocen o no han tenido tiempo de relacionarse) es presentarse ante el público.

Necesitamos conocer el nombre, el rostro y la trayectoria de los ciudadanos que, por haberse unido al movimiento de Andrés Manuel, se beneficiaron con el voto en cascada.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com.

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