“Los enemigos del pueblo”

Como escribió Joan Faus en una nota del 5 de agosto en El País, “Trump intensifica su ataque a la prensa”:

“En el mundo de Donald Trump, los medios de comunicación son cada vez más el chivo expiatorio al que demonizar y humillar de forma creciente. ‘Ellos son las noticias falsas, falsas y asquerosas’, clamó el presidente estadounidense el jueves (2 de agosto) en un mitin en Pensilvania.

“Mientras hablaba, apuntaba amenazante con el dedo a la zona en la que estaban los periodistas. Muchos de los congregados se giraron y empezaron a abuchearlos. ‘CNN apesta’, corearon algunos en el público, sonrientes y agitando el brazo.

“No es nueva la ofensiva salvaje de Trump contra la prensa. Es parte de su ADN divisivo. Pero ahora la cruzada se ha acelerado: de las palabras de acoso se ha pasado a los hechos y el republicano ha convertido a los medios en su principal rival a batir” en el marco de las elecciones legislativas.

“En su primer día completo como presidente, en enero de 2017, Trump definió a los periodistas como ‘los seres humanos más deshonestos de la tierra’. Tardaría poco en bautizarlos como el ‘enemigo del pueblo’. O en sugerir que podría adoptar represalias legales contra empresas periodísticas.

“Como ya hizo cuando era candidato a la Casa Blanca, ha tergiversado más allá del límite el concepto de ‘noticias falsas’ para definir cualquier información que sea crítica con él. Ha llegado a convocar un concurso para premiar al medio ‘más deshonesto y corrupto’. Y escenas bochornosas contra la prensa, como las del pasado jueves, ya se vivieron en la campaña de 2016”, concluye Joan Faus.

Los enemigos de Pinocho

Para el periodista mexicano Jorge Ramos que, como reportero y presentador estelar de la cadena de televisión en español Univisión, ha sido víctima de las embestidas personales de Donald Trump desde que era candidato, el problema que tiene el magnate con la prensa es muy sencillo:

“No le gusta que le digan la verdad. Y como no le gusta el mensaje, se ha lanzado contra el mensajero. Todo lo que le haga ruido o cuestione su verdad interior es desechado, atacado, denigrado. No importa si se trata de la intervención rusa en las pasadas elecciones o el rechazo de México a pagar por su muro en la frontera. Para Trump eso es fake news”.

En un artículo de opinión publicado en El País el 4 de agosto, “Los enemigos de Pinocho”, escribió Ramos:

“Esta cosmovisión -o trompovisión– tiene un grave problema: genera muchas mentiras. Trump ha mentido 4,229 veces en los primeros 558 días de su presidencia, según The Washington Post. Y cuando el presidente es Pinocho tu obligación como reportero es decirle que miente.

“El resultado, claro, es una guerra mediática. Trump olímpicamente se salta a la prensa tuiteándole a sus 53 millones de seguidores y ha dejado de dar entrevistas a periodistas que lo cuestionan. Esta dinámica no va a cambiar. Se los dije. Pero no me quisieron hacer caso”.

Como se recordará, Ramos fue “uno de los primeros periodistas a los que Trump atacó”. En el verano del 2015 -“tras lanzar su candidatura y decir falsamente que los inmigrantes mexicanos eran criminales y violadores”- le envió una carta solicitándole una entrevista. En lugar de hacerlo, Trump publicó la misiva en Instagram con el número de celular de Ramos: “Recibí, se imaginarán, cientos de textos y llamadas, con insultos, burlas, poemas y hasta solicitudes de empleo”.

El periodista cambió de número “pero no la intención de hacerle muchas preguntas a Trump”. Lo persiguió hasta una conferencia de prensa en Dubuque, Iowa, y cuando se levantó para hacerle una pregunta, el candidato republicano “llamó a su guardaespaldas” y lo sacó por la fuerza. “Solo Fidel Castro me había hecho antes algo parecido”.

Sin embargo, “en esa conferencia de prensa ocurrió algo muy sintomático. Solo dos periodistas -Tom Llamas de ABC News y Kasie Hunt de MSNBC- se quejaron públicamente ante Trump del maltrato que recibí. El resto se quedó sentadito, levantando la mano para hacer su pregunta. Esa falta de solidaridad fue interpretada por Trump como una debilidad del gremio periodístico. Tarde o temprano, ese mismo trato -despectivo, arrogante, violento, amenazante, en clara violación a la primera enmienda de la Constitución estadounidense- se extendió a otros miembros de la prensa. Hoy es la norma”.

Concluye Jorge Ramos diciendo que cuando “los reporteros tenemos que escoger entre ser amigos o enemigos de los poderosos, es preferible ser adversarios. Ese es nuestro lugar: del otro lado del poder. El periodismo -el verdadero periodismo- es contrapoder. Aunque los gritos a tu alrededor no permitan que se escuche con claridad lo que estás diciendo”.

 Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

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